‘Rechazaremos todo’

Recientemente, un partido político con importante número de legisladores se pronunció en forma oficial indicando que toda aquella iniciativa que venga del Gobierno será rechazada. Es decir, no importa si el Gobierno envía un proyecto de ley para eliminar o reducir la desnutrición infantil, o para mejorar la educación, o para ampliar la cobertura a los más desvalidos. Sencillamente todo será negado, por el hecho de venir del Gobierno.

De igual manera, otras fuerzas políticas comenzaron ya el tradicional quehacer político ecuatoriano: ver cómo se ataca al régimen, pues se asume que los gobiernos se desgastan, y que la forma de hacer capital político y tener opciones electorales futuras es siempre atacar al gobierno de turno. Ni siquiera hemos arrancando, y ya se especula sobre las elecciones de autoridades seccionales.

Lo primero que debemos decir es que esa forma de hacer política es una de las razones por la cuales el Ecuador está donde está, muy lejos de su real potencial de desarrollo, muy lejos de lo que podría ser una sociedad más avanzada, equitativa y justa.

Lo segundo que debemos decir es que ese tipo de actitud no es admisible en el Ecuador de hoy. Es que, sencillamente, no hay espacio ya para equivocaciones, no hay espacio para errores o para perder el tiempo. Si en el pasado esa conducta fue equivocada y causó daño, y mucho daño, hoy no es siquiera admisible.

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Artículo de Alberto Dahik: ‘Rechazaremos todo’

El Ecuador tuvo una década, del 2006 al 2017, de un despilfarro e irresponsabilidad en el manejo de las finanzas públicas como nunca antes en la historia. Una economía con un modelo equivocado, que duplicó el tamaño del Estado en relación al PIB, que encareció los costos de producción, que se alejó de los mercados de capitales, que puso el impuesto del 5 % a la salida de divisas que es un verdadero anatema en una economía dolarizada, que fijó irracionalmente las tasas de interés, propiciando el consumo y castigando la inversión, que aumentó en forma totalmente arbitraria los salarios, haciendo del Ecuador un país carísimo para producir, que se alineó con modelos antidemocráticos, y que destruyó la institucionalidad del Ecuador. Ese modelo, también generó una inversión pública que ha sido suficientemente cuestionada, analizada y comprobada como nefasta para el Ecuador. A este terreno tan malamente preparado, se le puso como ingrediente adicional una lenta transición hasta el 2021, más la pandemia, con toda la secuela que esta ha traído sobre la economía, que sería necio y absurdo volver a explicar.

Este conjunto de cosas ha puesto al país con una deuda sumamente alta, con una economía recesiva, y no hay espacio para mucha más deuda. Esta situación ha hecho que los atrasos en los pagos del Estado con la seguridad social, con entidades como la Junta de Beneficencia, Solca, universidades y GADS, con contratistas, y muchos otros sectores, sea de magnitudes nunca antes vistas.

Este conjunto de cosas ha hecho también más visible una crisis gigantesca, como la de la seguridad social, que puede arrastrar a todo el Ecuador, pues solamente en su Fondo de Invalidez, Vejez y Muerte, el déficit actuarial hacia el 2050, traído a valor presente equivale a un 130 % del PIB: esta es una cifra sencillamente inmanejable.

Por todo lo anterior, y muchas otras cosas que un artículo de esta extensión no puede cubrir, no hay justificación alguna para que la Asamblea no haga lo que tiene que hacer, como colegislador junto al Ejecutivo, para lograr el cambio en aquellas reformas estructurales sin las cuales el Ecuador sencillamente no podrá salir adelante.

El boicot político, la típica actitud de buscar oposición nunca ha sido éticamente correcto, pero hoy es un acto de irresponsabilidad que raya en cavar la tumba de nuestro propio país.

El Ecuador de hoy no admite otra cosa que no sea unidad de propósitos. No saldremos sin una voluntad de toda la nación de hacer los cambios que hay que hacer.

El país no saldrá solamente con las acciones del Gobierno. La Asamblea y los partidos que la conforman tendrán que jugar su rol histórico. O se suman al rescate del Ecuador o serán quienes pongan la estocada final sobre una sociedad que, con sus angustias y desesperanzas, no aguanta más el manoseo de la política antigua, de odios, revanchas y falta de objetivos nacionales.

Al Ejecutivo le corresponden las iniciativas. Se las reclamaremos los ciudadanos. A la Asamblea les corresponde responder con patriotismo y realismo a esas iniciativas. Ciertamente los ciudadanos estaremos también ahí para exigirles el cumplimiento de su rol. Lo que ciertamente jamás podremos aceptar es que, ante este grave momento, la actitud sea que se rechazará todo, porque sencillamente viene del Ejecutivo. Eso no suena ni siquiera a juego político. Suena a suicidio nacional.

Autor: Alberto Dahik

Fuente: El Universo

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