¿Por qué tantos correístas?

Muchos se preguntan por qué hay correístas, muchos o pocos, en el gobierno de Guillermo Lasso. Lo cierto es que no son solo correístas, sino aliancistas. ¿Es ese un problema para la administración pública?

Son aliancistas los partidarios del correísmo temprano, del correísmo tardío y del morenismo. En esos tres períodos hubo operadores políticos, funcionarios y clientes que se beneficiaron de participar en esos gobiernos. Algunos se fueron y volvieron, otros se quedaron, otros llegaron después, pero todos forman parte de un periodo que la Historia política del Ecuador podría conocer como el aliancismo.

Pero las elecciones presidenciales de febrero cambiaron el rumbo del país. Los ecuatorianos eligieron a un presidente conservador en lo personal, liberal en lo económico y socialdemócrata en lo coyuntural. Guillermo Lasso está obligado a gobernar con un legislativo que le resulta adverso en lo ideológico y que le obliga a moderarse en lo político. Así funcionan todas las democracias modernas en el mundo. Entonces, lo que le queda más cerca en el plano partidario y legislativo al gobierno nacional son los bloques del Pachakutik y de la Izquierda Democrática. Y muy lejos le quedan la correísta Unión por la Esperanza y su socio disimulado, el Partido Social Cristiano.

Con este escenario electoral y legislativo, la administración pública es el espacio de mayor disputa política. Después de 14 años de un mismo grupo de gente gobernando, aunque enfrentada en dos bandos en el último tramo, lo predecible es que gran parte de este sector quiera conservar su estabilidad profesional.

correistas-morenistas
Artículo de Gabriel Hidalgo: “¿Por qué tantos correístas?”

A diciembre de 2019, casi medio millón de funcionarios públicos trabajaban para el Estado, de los cuales el 45% corresponden a contrataciones de libre remoción o provisionales. Según estas mismas estimaciones, entre 2006 y 2019 la burocracia se incrementó un 64%. Esto quiere decir que hay decenas de miles de funcionarios públicos pasando de un gobierno a otro con distintas modalidades contractuales y adaptándose a los cambios de la coyuntura política.

Este será el principal escollo administrativo en la gestión del gobierno de Guillermo Lasso. Deberá encontrar la forma de prescindir de aquellos funcionarios y operadores políticos que han ganado autoridad en sus redes funcionariales, que disponen de los contactos suficientes para sobrevivir a los cambios directivos, que pueden influir en las decisiones públicas de sus sectores, que pueden nombrar autoridades superiores e inferiores, y que incluso pueden llegar a boicotear las decisiones del gobierno en funciones.

Es imposible que todos los funcionarios correístas se hayan convertido al morenismo y de este al gobierno de Guillermo Lasso por su sola vocación de servicio. Si acaso esto sucedió con muchos de estos, todos proceden de una época de bonanza y derroche. Por entonces era más fácil ubicar a la parentela en cargos bien remunerados y repartir los contratos de construcción, provisión y consultoría a un ejército de clientes agradecidos que sostuvo un régimen autoritario y corrompido. Por supuesto, debe haber excepciones.

Muchos de estos funcionarios están capacitados, tienen una vocación democrática de servicio, son honorables y enriquecen a la sociedad con su trabajo. Muchos son administrativos, profesores, policías, médicos y enfermeros u otros, pero hay más de estos que son arribistas, que no pueden desempeñarse en otra función que no sea la pública y que viven del clientelismo.

Ese es el principal riesgo: que esa herencia administrativa se agarre fuertemente del Estado y que boicotee los esfuerzos de cambio impulsados por el nuevo gobierno.

¿Por qué el gobierno de Guillermo Lasso sostiene a tantos aliancistas correístas y morenistas en la administración? Porque, de momento, no le queda otra opción. Pero si quiere gestionar un gobierno de cambio y encuentro, deberá prescindir poco a poco de estos perfiles y apostar por nuevos ciudadanos. ¿Acaso no hay más gente preparada en este país?

Nada cambiará si se sigue confiando la administración del Estado a los defensores de la corrupción, la prepotencia y el abuso. Si pudieron arrodillarse frente a una tiranía, un gobierno democrático les resultará repulsivo, aunque hoy digan lo contrario.

Autor: Gabriel Hidalgo

Fuente: Plan V

Deja un comentario