La renuncia

Que el Defensor del Pueblo esté detenido para una investigación por presunto abuso y violencia contra una mujer expresa la grave crisis moral y ética que afecta al país. Las bochornosas imágenes difundidas con profusión en las redes sociales dejan en claro que ese funcionario no debería estar un día más en tan alto cargo. Y no se trata en este caso de juzgar por adelantado a un ciudadano que tiene derecho al debido proceso y, por lo mismo, a gozar de la presunción de inocencia hasta tanto los jueces se pronuncien, administrando justicia como suelen decir los entendidos, sobre la culpabilidad o no de la persona.

Tampoco se pretende hacer leña del árbol caído. En este país donde la política ha sido reducida a sinónimo de corrupción y del maquiavelismo más aberrante, todo puede pasar, pero no es suficiente ser honesto sino también parecer honesto. No puede haber un doble rasero y peor incoherencia de quien ejerce la titularidad de la Defensoría del Pueblo del Ecuador.

En lo de fondo hay un evidente error cometido por el Defensor del Pueblo y es verse mencionado en un escándalo de proporciones, así como otras faltas como la violación del toque de queda y de la prohibición tanto de reunión como de ingesta de alcohol que fueron establecidas por la autoridad como medida para frenar el avance de los contagios por Covid-19.

Hablamos, en lo sustantivo, de un Defensor del Pueblo que ha perdido su fuerza moral para presidir un organismo tan importante en la defensa de los derechos. Recordemos que la DPE tiene como valores institucionales, entre otros, el de la integridad, transparencia y coherencia. Esto implica ‘…respetar la verdad, actuando de forma clara, precisa, veraz y comprometidos con los sujetos de derechos’, así como ‘…pensar, proceder y actuar en concordancia con el enfoque de derechos humanos’. En estos aspectos, el Defensor del Pueblo, se encuentra desnudo, sin ese ropaje ni armadura que otorga el no tener cola de paja para hacer frente a su trabajo, a las arremetidas de sectores interesados y, desde luego, de una opinión pública que repudia lo sucedido.

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Artículo de Giovanni Carrión: “La renuncia”

La polvareda que ha levantado el Defensor del Pueblo si bien comporta una responsabilidad aplicable a la esfera de lo personal, sin embargo, mientras se mantenga al frente de la DPE, afecta a esa institución. ¿Cómo es posible que el máximo representante de la entidad encargada de ‘…la protección y tutela de los derechos de los habitantes del Ecuador y la defensa de los derechos de las ecuatorianas y ecuatorianos que estén fuera del país’, esté señalado dentro de una instrucción fiscal?

Por ahora hay un pensamiento que permanece suelto y que se publica en la página web institucional de la DPE que dice: ‘Sin justicia y sin respeto por los derechos humanos no puede haber paz’. Eso nos dice, Defensor del Pueblo, que desde un inicio usted debió presentar su renuncia y defenderse libre de ataduras institucionales, es decir como cualquier otro ciudadano de a pie, ante los señalamientos que se le hacen.

De seguir aferrado al cargo el daño y desgaste que le irroga a la DPE y a la moral pública es enorme.

Autor: Giovanni Carrión

Fuente: Plan V

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