¡Había que ver a los correístas, socialcristianos y Pachakutiks en la sesión del miércoles de la Comisión de Transparencia! Se les veía cómodos, seguros y optimistas como parte de la mayoría que está lista a reestructurar a la Asamblea Nacional y asegurarse que el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social vuelva a estar bajo su control. Esa sesión fue un termómetro perfecto del clima que se vive en la Asamblea: somos más y vamos a cambiarlo todo para quedarnos con todo.
El escenario se había montado para que los miembros de esa Comisión y algunos asambleístas que asistieron para hacerse ver, se mostraran abiertamente como parte de una cofradía. «Ojo, aquí en la Asamblea existe una nueva mayoría, evidentemente. Sólida, porque estamos en una misma línea y coincidimos en una misma línea que es una defensa a los derechos de los ecuatorianos»: lo dijo desafiante y en tono de suficiencia el presidente de la Comisión, el correísta Ferdinan Alvarez. Y lo dijo dirigiéndose a los vocales del Consejo de la Judicatura que comparecían a propósito de la sanción impuesta a la jueza de Samborondón, Karly Alvarado, que había aceptado una medida cautelar de protección a favor de Sofía Almeida; presidenta del Cpccs cuando ahí mandaban socialcristianos y correístas.
La sesión fue, en realidad, un operativo organizado por la triple alianza PSC-UNES-PK para rescatar la imagen de la jueza de Samborondón y hundir a los vocales del Consejo de la Judicatura, acusados de haber sancionado a la jueza en retaliación por haber acudido en auxilio de Sofía Almeida. Los socialcristianos no pudieron ser más obvios: Nathalie Viteri alabó a Alvarado y afirmó que es la única jueza que no tiene casos pendientes en su despacho porque los atiende con la celeridad que debería tener todo juez del país. «Debería ser premiada y no sancionada», dijo la asambleísta que hace sus mejor esfuerzo por aparecer, en cada intervención, como estrambótica e ingeniosa con quiebres de voz y tonos exagerados. Luis Almeida aseguró que su «obligación de varón» es defender a las mujeres. «Por eso la defiendo a usted y a Sofía Almeida», dijo el socialcristiano, tío de la ex presidenta del Cpccs y gran operador de la ex mayoría y del operativo de la reunión. Almeida fue el único que habló de pie y estuvo parado en la cabecera opuesta al del Presidente de la Comisión. «La crueldad tiene su límite y vamos a ver quién duerme tranquilo», dijo amenazante a los miembros del Consejo de la Judicatura y acusó al gobierno de Lasso de haber dado un golpe de Estado cuando cambió la mayoría en el Cpccs.
Los correístas no se quedaron atrás. El Latin King Ronnie Aleaga, por ejemplo, defendió a la jueza y acusó al Consejo de la Judicatura y al presidente Lasso de haber dado un golpe de Estado. La repetición del concepto de golpe de Estado fue concertado y un evidente intento de posicionar la idea de que ha sido el gobierno y el anti correísmo los que ha violentado el orden constitucional al romper la mayoría que había en el Cpccs. Del lado de Pachakutik, la encargada de participar en el operativo fue Mireya Pazmiño, quien preguntó a la jueza Alvarado si se ha sentido acosada laboralmente o si ha recibido llamada alguien para presionarla en sus decisiones. Parecía evidente que quería que se luciera en el papel de víctima.

El montaje no les funcionó. Los vocales del Consejo de la Judicatura desmontaron la aseveración de Almeida, Álvarez y los otros según la cual ellos sancionaron a la jueza Alvarado por la medida cautelar. Con papeles mostraron que la sanción la había tomado la Corte Provincial del Guayas por un tema distinto y mucho antes de los cambios en el Cpccs, o de su medida cautelar. En realidad, la jueza tiene expedientes por decisiones oscuras en su despacho. También demostraron que ellos no tuvieron ninguna participación en el otorgamiento de una medida cautelar a favor del actual presidente del Cpccs, Hernán Ulloa, pues ese es un tema por el que debe responder, si fuera el caso, la Corte Nacional de Justicia. El Consejo de la Judicatura solo se encarga de los temas administrativos de la justicia, dijeron a Álvarez que había preparado una larguísima disertación con aires de catedrático criticando esa medida cautelar.
Finalmente, Álvarez y los otros comisionados se quedaron sin mucho qué decir y Luis Almeida desapareció de la sala. Que el libreto no haya funcionado y que los vocales de la Judicatura se hayan ido tapándoles la boca, debió parecerles lo menos importante. Lo relevante era el evidente optimismo, la inmensa confianza en sí mismos y hasta la alegría que se veía en cada gesto e intervención. Acá está la nueva mayoría; acá somos más y estamos férreamente unidos: ese fue el mensaje que se dieron por tarea transmitir. Y lo hicieron desafiando, advirtiendo y dando rienda suelta a una evidente prepotencia.
Autor: Martín Pallares
Fuente: 4 Pelagatos



