Yunda sigue porque no hay quién lo saque

Jorge Yunda parece inamovible de la alcaldía de Quito. Ciertamente está el apoyo recibido del correísmo. Las jugadas en el Concejo. La campaña descarada de propaganda para distraer. Las leguleyadas que ensaya ahora contratando hasta constitucionalistas… Todo esto hace, mientras la Justicia sigue sus procesos que son desesperadamente lentos.

Por supuesto hay caminos más cortos para zanjar su caso, pero tienen que ver con la dignidad, el sentido de la vergüenza pública, la responsabilidad… Factores que debieron invitarlo a que renuncie, pero que no han funcionado porque Yunda carece de esos atributos.

En realidad, Yunda está ahí por carencia de sentido político en el Concejo Municipal. Los correístas lo arropan mientras los otros candidatos (Luz Elena Coloma, Bernardo Abad, Eduardo del Pozo, Fernando Morales…) lucen paralizados porque las matemáticas no alcanzan para dar la vuelta a la situación. Todos se limitan a comprobar ya sea que los votos del alcalde y los correístas hacen mayoría; ya sea que correístas y yundistas dejan sin quórum las sesiones. En definitiva, que están en minoría. Y sin remedio. No dirán, porque eso no suele reconocerse, que ellos carecen de recursos políticos para crear masa crítica y conducir la opinión contra un alcalde que es una de las peores vergüenzas que ha tenido Quito en su historia municipal: impreparado, mentiroso, ineficiente, marrullero, cínico, manipulador, timador, corrupto…

Ni han llamado ni recurrido a los quiteños para que se movilicen mientras la capital está paralizada. Quito no sabe cuál es su rumbo. No sabe qué quiere ser. Yunda nunca tuvo un plan, una idea, un sueño para la capital. La administración es un ente vegetativo. El principal proyecto, el metro, en el cual no ha hecho nada, es un albur, con un aporte atroz: la certeza de que quiere convertirlo en un botín político.

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Artículo de José Hernández: “Yunda sigue porque no hay quién lo saque”

Los concejales no hacen política en el momento que más falta hace en una ciudad que ve cómo un alcalde con grillete, abrumado por pruebas suministradas por su propio hijo, paga con dinero público marketeros y otros recién llegados para volver complejo lo que luce demasiado simple: no merece estar en la alcaldía y usa el cargo para defenderse.

En momentos como estos es cuando salta a la vista la visión chata de políticos que, como hongos tras la lluvia, solo aparecen en épocas de elecciones. Y eso no solo señala la falta de profesionalismo: también la ausencia de visión estratégica. Si se observa la elección de 2019, llegó en segundo puesto, con 18,42%, Luisa Maldonado. Ella es una correísta implacable, nada interesada en cortar la rama endeble que sostiene a Yunda y que los concejales de su corriente política apuntalan con particular esmero. Pero luego, en tercero y cuarto puesto, llegaron Paco Moncayo y César Montúfar (17,78% y 16,93%). Hoy han desaparecido del tablero. Moncayo quedó particularmente golpeado por una campaña que consideró chimbadora de parte de Montúfar.

Y Montúfar es víctima de su propio desafuero electoral. Porque es claro que compite en cuanta campaña se presente y lo hace sin medir posibilidades ni pertinencia. Con casi 17% de votos, y en consideración de que posiblemente Paco Moncayo no esté en la campaña de 2023, él era, por derecho propio, el llamado a mantener una presencia política de oposición que le permitiera considerar, con relativo optimismo, su elección. Pues no: se lanzó a cuerpo perdido en una elección presidencial de la que sale con un patético 0,62% de votos y en el puesto 12 entre 16 candidatos. Eso es un KO político.

El resultado está ahí: Montúfar está totalmente callado, y se entiende. Ausente del drama que vive la ciudad que pretendió gobernar y que lo opuso sin remedio al general Moncayo; entre los dos sumaron casi 35% de votos; 13 % más de los votos que los obtenidos por Jorge Yunda. Montúfar es un claro ejemplo de la carencia de estrategia y enfoque de los políticos en el país. Eso explica por qué Yunda, a pesar de las cacerolas que arrastra, sigue campante hasta que la Justicia -si así concluyera ese proceso- lo separe del cargo.

Yunda no tendrá vergüenza; no sabrá lo que es sentido del honor, responsabilidad, recato, delicadeza con lo público; no entenderá lo que es la dignidad hasta que no sienta tras de sí pasos de animal grande. Y eso solo lo siente un político cuando sus competidores movilizan a la ciudadanía. O cuando la ciudadanía se autoconvoca. En este momento no hay políticos en Quito. Y los quiteños están haciéndole el quite al virus. Además, Santiago Guarderas, el vicealcalde que lo debe reemplazar, no inspira: él ayudó a sentar a Yunda, donde Yunda luce hoy atornillado.

Autor: José Hernández

Fuente: 4 Pelagatos

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