¡Que arda!

La historia de Nerón ha inspirado innumerables capítulos en la literatura, el cine y hasta la música. El episodio -o mito- más famoso del Emperador Romano, ciego de ira y ambición, es el de su indiferencia frente a la destrucción de Roma en un feroz incendio provocado por él.

A pesar de que no existe médicamente, el término “síndrome de Nerón” se usa para referirse a personas que tienen un comportamiento narcisista o incluso sociopático en posiciones de poder; crueldad y falta de escrúpulos, la vanidad de escucharse recitar y cantar mientras se incendia la ciudad.

Esta es la explicación más clara de lo que pasa en el Ecuador estos días: un vanidoso, sus seguidores y sus cómplices. Algunos con intereses vinculados a la economía ilegal y a la impunidad para sus delitos durante una década de poder total. Otros se han descubierto aliados en su comprensión sobre el uso del poder y su débil convicción democrática. Finalmente unos cuantos, aparecidos, aprovechan el saberse más importantes (numéricamente hablando) en un escenario de inestabilidad y caos.

Es cierto que tanto el juicio político como la “muerte cruzada”, o la revocatoria del mandato, son figuras constitucionales, institucionales; pero también es cierto que es desleal, con la democracia, con el país, convertir cada impase político en un pretexto para acabar con el régimen constituido.

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Artículo de María Paula Romo: «¡Que arda»!

Es larguísima la lista de errores de fondo y forma cometidos en este nuevo intento de juicio político al Presidente Lasso y han provocado un debate sobre los escasos talentos de sus promotores, pero ¿sería distinto con legisladores inteligentes y conocedores del Derecho? Tal vez un poco menos de vergüenzas, pero nada más. Ecuador no tiene futuro mientras Correa y los suyos sigan boicoteando cualquier gestión que no sea la propia, cualquier proyecto que no sea el suyo, cualquier visión de país y de región que no coincida con la suya.

Rafael Correa es el político con el periodo presidencial de mayor duración, el que gobernó el Ecuador durante su mayor bonanza -una circunstancia que no fue fruto de sus decisiones pero de la que se benefició indudablemente- y que tiene aún un significativo respaldo popular; pero además, Rafael Correa es el ejemplo perfecto de un liderazgo pernicioso, al que le importa más su propia gloria y su propio poder, sus propósitos, aunque para lograrlos deba incendiar al Ecuador.

Estas líneas no pretenden defender al actual gobierno, ¡ha cometido tantos errores!: el manejo de la seguridad, la gestión de la crisis de junio, la gestión pública en general, la gravísima situación de pobreza y un largo etc.  Sí se trata de defender un proyecto de país democrático, con estabilidad, instituciones para procesar las diferencias y que permitan atender los problemas cotidianos de todos.  

Se trata de defender la vida y la convivencia en un Estado de Derecho en donde la ley se impone sobre la fuerza, la extorsión y la violencia. Es un llamado a mirar que nuestras opciones de futuro, nuestra viabilidad como país, no dependen solo de la calidad y el comportamiento del gobierno sino también de la calidad y el comportamiento de la oposición, y que muchísimos de los problemas que hoy esa oposición explota, son en buena medida su responsabilidad, incendios provocados por ellos.

Autora: María Paula Romo

Fuente: La República

1 comentario en «¡Que arda!»

  1. Cuando uno entiende que clase política está en turno y mira que grupo de poder está tranquilo podemos ver a quién sirve el gobernante de turno. En la época de Correa prevaleció la política pública donde las instituciones públicas atendían a todos los ciudadanos. Hoy la política privatista que trata de denigrar a todo lo público con el objetivo de privatizar lo que más pueda, vendiendo a precios no reales y así afianzarse por generaciones, caso especial de los banqueros y grupos financieros, a quienes no les importa el desarrollo nacional. Esos sí son los narcisistas, que hacen pensar y querer que vuelva una vez más el correísmo como solución.

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