Por qué los Kbrea2 están cabreados?

Los Kbrea2

Vienen –han ido llegando– desde distintos sitios de la ciudad. No tienen nada –o casi– que los unifique. Unos son jóvenes y otros, viejos. Mujeres, hombres, profesionales, amas de casa, estudiantes, subempleados, artistas, escritores, jubilados.

Se dan cita en un parque porque así lo decidieron obedeciendo a una sola convocatoria: la de su propia convicción. No tienen un líder, ni un partido. Sí algunos artilugios: carteles y banderas.

opositores a Rafael Correa
Los Kbrea2 protestan todos los jueves en la Av. Shyris

Y así fueron. Y así van. Y así siguen llegando cada vez en mayor número. Se plantan en el parque. Hacen sonar silbatos. Gritan unas frases que a alguien, en ese momento, se le ocurre. En su mirada no hay odio, en su actitud no hay violencia. Y tampoco hay miedo: se han despojado de ese temor que les compelía a no salir, a no decir.

Es gente del común, con los mismos sueños de cualquier ciudadano, con las mismas frustraciones, con las mismas esperanzas. Con hijos, nietos, dolencias, ternezas, desamores.

No se conocen entre sí. Ni proceden del mismo barrio, ni tienen el mismo medio de transporte para llegar allá: unos usan sus autos; otros, el bus; otros, sus pies.

Lo único que les aglutina es un sentimiento similar, que les nace de adentro. Una mezcla de ira y frustración. De desencanto. Y también de amor: de amor al país que es suyo, que les pertenece.

Alguien definió esa sensación, ese sentimiento, con un término exacto, que es al que recurrimos cuando sentimos ira.

Y por eso se llaman a sí mismos los cabreados.

Y lo escriben así, con cierto humor fresco, irreverente, a lo Twitter: Kbrea2.

Su cabreo obedece a que están hartos de tanto insulto, de tanta descalificación al que piensa diferente, de tanta ofensa sabatina.

Están cabreados por la sumisión de los demás poderes del Estado a ese único poder que lo controla todo: el del Ejecutivo.

Están cabreados porque ven, porque sienten, que la libertad de pensamiento, de expresión, se reduce hasta lo insólito. Porque la única voz que se quiere que se escuche es la oficial.

Están cabreados porque la inseguridad no les deja caminar en paz, vivir en paz. Porque les asaltaron en la calle, porque violaron su vivienda, porque mataron a un amigo, a un hermano. Por eso también están cabreados.

Y porque ven cómo se utilizan, impunemente, los dineros que son suyos en gastos dispendiosos de un gobierno autoritario y populista.

Están cabreados por lo que se está haciendo con la justicia a la cual el presidente, cumpliendo con su promesa, mete mano sin pudor.

Están cabreados por la intención de promulgar una ley de comunicación que les limitará su capacidad de pensar, de expresarse. Porque, menospreciando su inteligencia, se les ordenará qué ver, qué escuchar, qué decir. Y porque se intervendrá también en los medios electrónicos.

Por todo eso están cabreados.

Y su cabreo ha producido la reacción, como siempre desmedida, grosera, visceral, del excelentísimo señor presidente de la República, quien, entre otras facultades, se ha arrogado la del derecho del cabreo: nadie puede manifestarlo sino él, que es el único que tiene derecho a insultar, a ofender, a descalificar.

Pero ellos, valientes, decididos, siguen, seguirán reuniéndose en el parque. Para allí proclamar sus ilusiones, que son muchas.

Y sus cabreos, que también son muchos.

Tomado de Diario El Universo, autor: Francisco Febres Cordero

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