No solo se trata de ganar

La democracia no es exclusivamente un sistema de decisiones basado en las mayorías. Si bien la legitimidad de la representación política tiene su origen en un triunfo electoral, el ejercicio de cargos está condicionado por distintos niveles de responsabilidad, diversas formas de rendición de cuentas, límites administrativos y, obviamente, a reglas que regulan el juego democrático, que buscan la transparencia y honestidad en el manejo de recursos públicos.

La Constitución del 2008, y varias normas secundarias que se derivaron de su texto, establecieron varios instrumentos, medios y formas de controlar el uso de recursos públicos, pero durante mucho tiempo vimos como esas instancias de control, tomadas por un grupo político, se utilizaban para perseguir a los contrarios y cubrir a los cercanos. Hoy, a pesar de los cambios, es claro que algunas de esas estructuras siguen operando y se han puesto al servicio del mejor postor.

Lo que sucede en Quito con el señor Yunda, ha puesto a prueba todos los sistemas de control y los distintos niveles de justicia: electoral, ordinaria y constitucional. Hasta el momento todos parecen haber fallado debido a una mezcla de garantismo ingenuo, que permite a abusivos y tramposos abusar de las instancias judiciales, para facilitar la impunidad y la permanencia en el cargo, multiplicando artificialmente sus medios de defensa.

Se espera que en un Estado de derecho exista un mínimo de seguridad gracias a reglas estables y que permitan predecir las conductas de funcionarios y de jueces, pero en entornos corruptos como el que vivimos, las defensas políticas y jurídicas no parecen respetar límite alguno; a la larga, se impone lo impredecible y se genera un fuerte escepticismo frente a todas las soluciones institucionales. Los deshonestos parecen ceder solo ante deshonestos más poderosos, y quienes actúan con corrección se enfrentan a aparentes imposibles, terminan desgastados, asqueados y, muy probablemente, perseguidos.

Artículo de Farith Simon: “No solo se trata de ganar”

Sacar miles de personas a la calle para mostrar “apoyo popular” y sustentar la defensa de un cargo de elección popular, en entredicho por acciones incorrectas, no es una expresión de respeto a la democracia; al contrario, se siente como una forma de manipulación y desprecio a mínimas condiciones institucionales.

Lo que sucede en Quito supera al caso particular. Al igual que muchas otras personas creo que se viene construyendo un entorno de desconfianza en las garantías a los derechos debido al uso abusivo que de forma permanente se hace de ellas, lo que con el tiempo puede llevar a que se las debilite. Es necesario guardar equilibrio entre los derechos y las obligaciones; los abusivos y deshonestos tienen iguales derechos que los honestos, pero parece que se sitúan por encima de los más; a la justicia le corresponde poner límites a las prácticas abusivas, dilatorias y tramposas, porque la democracia no solo consiste en ganar elecciones.

Autor: Farith Simon

Fuente: El Comercio

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