Los conspiradores

En los regímenes presidencialistas existe poca flexibilidad para resolver conflictos políticos complejos entre el Ejecutivo y el Legislativo; la doble legitimidad democrática, que es una de las características principales de esta forma de gobierno, hace que frente a crisis graves no se cuente con soluciones intermedias, lo que suele llevar a rompimientos democráticos o a salidas autoritarias.

La historia del país está repleta de estos ejemplos, y la más reciente se ha movido entre la inestabilidad, la destitución de tres presidentes por medio de acuerdos políticos que tenían poca legalidad (Bucarám, Mahuad, Gutiérrez) y el ejercicio autoritario del poder por 10 años. Moreno terminó su período, en parte, porque el movimiento indígena no aceptó convertirse en ejecutor de la venganza política de quien lo colocó en el poder; pero dejó la sensación de que más que una defensa de la democracia, lo que se dio fue una negativa para actuar en conjunto con quienes los habían despreciado, reprimido y perseguido. Los responsables principales de las movilizaciones de octubre de 2019 recibieron la acusación de traición cuando se sentaron a negociar y no solicitaron la dimisión de Moreno.

La semana pasada, el presidente Lasso denunció al que denominó “triunvirato de la conspiración”, identificando a Iza, Correa y Nebot como responsables de obstruir su plan de gobierno y buscar destituirlo.

Los aludidos han sido actores relevantes de la historia política de las últimas décadas, pero tanto los “recién llegados” correístas, como la Conaie con su creciente poder y el partido socialcristianismo, son a mi juicio quienes representan algunos de los defectos más graves de la política.

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Artículo de Farith Simon: “Los conspiradores”

Los tres, como era de esperar, negaron ser conspiradores. Nebot personalizó la respuesta: “gratitud, lealtad o nobleza, eso no va con usted, pero no dejaron de sorprenderme sus calumnias, inventos y ridiculeces”. El correísmo pidió “retractarse de cada una de las irresponsables y antojadizas acusaciones vertidas contra nuestra organización”, comparando a Lasso con Moreno. Por su parte Iza, en una entrevista en la que tenía sobre la mesa su libro Estallido, afirmó que las declaraciones de Lasso se deben a que “ha entrado en pánico y su mejor forma de defender su postura es a través de la especulación, el chisme político y las mentiras”.

La sensación que queda luego de escuchar a los involucrados, incluido Lasso, es que más allá de la pirotecnia verbal, es que su adhesión al diálogo o al debate democrático para alcanzar acuerdos mínimos en función del interés colectivo, es débil, pese a que vivimos una situación que demanda alejarse de respuestas estereotipadas, personalización de la política, cálculos coyunturales o miradas ortodoxas.

En la política ecuatoriana se ha perdido de vista que en un contexto democrático se requiere diálogo; que el gobernante de turno y los partidos y políticos deben asumir con seriedad su posición y actuar mirando más allá de sus cálculos grupales, intereses políticos y personalismos. La destitución del presidente o la muerte cruzada serían la confirmación de que nuestra política tiene poco de democrática; el problema no está en el presidencialismo, sino en sus actores.

Autor: Farith Simon

Fuente: El Comercio

2 comentarios en «Los conspiradores»

  1. NO HAY CONSPIRACION.. LO QUE HAY ES COGTIDA DE LAS CUENTAS OFF SHORE EN PARAISOS FISCALES.. LO PEOR QUE SEAN DEL PRIMER MANDATARIO.. ES UN VERDADERA VERGUENZA QUE SE HAYA PROPAGADO POR TODO EL MUNDO LA INSENSATEZ DEL PRESIDENTE EN TRATAR DE OCULTAR LO INEVITABLE..
    HAY DEMOCRACIA CUANDO TODOS LOS OCULTOS SE DEVELAN A LA FAZ DE TODOS LOS CIUDADANOS!!!!!!!

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