Este 9 de octubre, con motivo de la conmemoración de los 202 años de fundación de la ciudad de Guayaquil, el presidente Guillermo Lasso ha aprovechado para hablar de la próxima consulta popular.
Una encuesta realizada recientemente por Ipsos revela que el Sí tendría una aprobación del 67% al 86% en las ocho preguntas. Son datos que han sido difundidos por el régimen en un esfuerzo por tratar más bien de posicionar este referéndum y mejorar la imagen del gobierno.
Otras encuestas dicen lo contrario. A inicios de septiembre se registraron los niveles más bajos de aceptación del presidente Lasso: el 82% de la población desaprueba la gestión del gobierno. Y, como ha ocurrido en otras ocasiones, esta consulta se convertirá en un termómetro de su desempeño.
Si las ocho preguntas hubiesen estado bien formuladas, posiblemente una parte de la opinión pública habría tenido motivos de peso para apoyar. Sin embargo, ninguna de ellas tiende a solucionar los problemas en los 3 ámbitos en que se plantean: seguridad, instituciones democráticas y medio ambiente.

En el caso de las dos primeras preguntas relacionadas con la seguridad, del análisis de Colombia o México, se aprecia que ni la intervención de Fuerzas Armadas en seguridad interna ni la extradición de narcotraficantes han servido para atenuar el avance del crimen organizado. Colombia se ha convertido en el primer productor de cocaína en el mundo y México el país desde el cual operan los principales carteles de la droga a nivel global.
Aunque en la pregunta seis se plantea eliminar la facultad al Consejo de Participación de nombrar autoridades de control, la solución es aún peor. Se da esa facultad al legislativo en base de ternas presentadas por el ejecutivo. No está garantiza la independencia de las instancias de control.
La consulta, de este modo, representa un artificio para distraer la atención de la opinión pública y, al mismo tiempo, ocultar las serias dificultades que tiene el presidente y su gobierno para solucionar los serios problemas que aquejan al país.
Autor: Sebastián Mantilla
Fuente: El Comercio


