Las mentiras de la asambleísta Palacios

El correísmo siempre se caracterizó por utilizar la mentira como forma de hacer política. Correa, con la inestimable ayuda de los hermanos Alvarado, creó un estado de propaganda en el que la única verdad posible provenía del líder, de aquel jefe de todos los poderes del Estado que cada sábado en un enlace radial y televisivo decidía qué era cierto y qué era mentira. Por supuesto, todo lo que publicaba la prensa privada o lo que decían sus opositores era mentira, mientras todo lo que decía el líder, sus partidarios, y los medios gubernamentales era la única y posible verdad.

No hace falta aclarar que la mayoría de las veces la verdad oficial era un relato que no se correspondía en absoluto con los hechos y, en consecuencia, devenía en lo que se conoce como posverdad que tan de moda se ha puesto a raíz de la pandemia. La posverdad es un relato en el que se distorsiona deliberadamente la realidad para influir en la opinión pública y, por ende, en el ciudadano de a pie. Rafael Correa y su equipo eran unos expertos en esto de la posverdad.

La mentira como forma de hacer política es una práctica que continúa siendo utilizada por varios legisladores que ocupan curules en la Asamblea Nacional. Sin embargo, existe una asambleísta que se ha caracterizado por mentir de forma reiterada y a sabiendas sobre varios temas, haciendo de la mentira su modus operandi. Mónica Palacios, asambleísta de la Revolución Ciudadana, cobró notoriedad cuando la Comisión de Garantías Constitucionales se encargó de investigar las publicaciones relativas a los “Pandora Papers” en los que se vio involucrado el presidente de la República. La asambleísta Palacios hizo un ridículo de proporciones mayúsculas cuando dio una rueda de prensa en la que, en principio, parecía que lo que estaba diciendo era producto de su ignorancia en materia jurídica, sin embargo, a la luz de los hechos posteriores podría ser que su único fin era distorsionar los hechos para posicionarlos como una verdad e influir en la opinión pública. En síntesis, la posverdad.

Una vez archivado el tema de los Pandora Papers, Palacios ha vuelto a la carga a propósito del nombramiento de Juan Carlos Holguín como nuevo Canciller. El 5 de enero publicó un tuit en el que acusaba a Juan Carlos Holguín de ser director de una empresa en Panamá y acusaba a la Fiscalía y la Contraloría de inacción por este hecho. Palacios no se tomó la molestia de averiguar que el ciudadano al que ella hacía referencia y que figura como director de dos empresas panameñas es un ciudadano de origen colombiano homónimo del Canciller y que no guarda relación alguna con Holguín. Ya es bastante grave que Palacios haga acusaciones sin sustento; sin embargo, resulta más grave aún que, una vez que ha tenido conocimiento de la mentira que publicó, mantenga esa información falsa en sus redes sociales y no pida disculpas por ello. La consigna de Palacios es mentir porque de la mentira algo queda. Si algo se ha aprendido de las redes sociales es que las publicaciones que contienen información falsa o distorsionada se comparten mucho más que las rectificaciones que se publican posteriormente.

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Artículo de Ricardo Flores: “La mentiras de la asambleísta Palacios”

Hace pocas semanas Palacios puso una queja contra el asambleísta oficialista Diego Ordoñez por unos comentarios ciertamente desatinados que profirió este último contra aquella y que resultaron en una sanción por parte del CAL al asambleísta Ordoñez. Si se interpuso una queja por unos comentarios desatinados, cabría aún más interponer una por hacer denuncias falsas a sabiendas con el único fin de dañar la honra y reputación de un funcionario público, pero la Asamblea Nacional está más dedicada a imponer sanciones de cara a la galería que a sancionar a sus integrantes por hechos más graves.

Palacios es el perfecto ejemplo de cómo utilizar la mentira como herramienta política amparada en su inmunidad parlamentaria. En la era de la posverdad Palacios retuerce los hechos hasta el límite porque en su imaginario una mentira repetida cien veces puede pasar por verdad.

Autor: Ricardo Flores

Fuente: 4 Pelagatos

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