La confesión de Glas

Jorge Glas salió nuevamente en libertad, no porque sea inocente, como pretenden hacer creer sus seguidores, sino gracias a una vulgar leguleyada, cuya incorrección e ilegalidad no admite prueba en contrario. No ha sido liberado de responsabilidad, es solo un condenado por cohecho que ha torcido nuevamente la ley, para conseguir que su sentencia se cumpla fuera de los muros de la cárcel.

Y aunque lo ocurrido es grave y pone en evidencia cuanta podredumbre rodea a ciertos jueces, que siguen actuando a sus anchas sin que nadie ponga freno a sus arbitrariedades, resulta más interesante lo que nos dice, o nos confirma, acerca de quien fuera la mano derecha de Rafael Correa.

El exvicepresidente no está solo en esto de salir por la ventana, sino que es uno de varios condenados, hoy libres gracias a los servicios de uno de los jueces que heredamos de la “reforma” correista de la justicia. Emerson Geovanny Curipallo Ulloa fue designado por Gustavo Jalkh, en 2015, como Juez de Garantías Penales y Tránsito de Santo Domingo de los Tsáchilas; desde ahí, dicta sentencias como si tuviera jurisdicción nacional y, si los angelitos a quienes favorece no son parte del proceso que tramita, simplemente los incorpora.

¿Quiénes son los compañeros de Glas en la lista de Curipallo? Están “Madrid” y “Cuyuyui”, jefes de la banda de “Los Lobos” y sentenciados por asesinato; hay un autor intelectual de un sicariato, cuatro condenados por robo con muerte, tres traficantes de drogas, dos violadores y un abusador sexual.

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Artículo de Juan Pablo Aguilar: «La confesión de Glas»

Cada cual escoge con quién se junta y, al hacerlo, Glas se presenta de cuerpo entero, confiesa quién es y cuál es la índole de sus compañías; su estrategia judicial está a la altura de las de “Madrid” y “Cuyuyui” y comparte honores con ilustres representantes del catálogo criminológico ecuatoriano; lo que ha hecho, a la larga, ha sido ubicarse donde debía y escoger su lado de la historia.

Dato mata relato, como dirían desde el ático.

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Autor: Juan Pablo Aguilar

Fuente: El Comercio

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