Huele a podrido

Pasa Jorge Yunda dejando una estela de olor a podrido.

Pasa Juan Cristóbal Lloret despidiendo un olor a podrido.

Pasan Raúl Mariño y Cenia Vera, jueces de la Corte Provincial de Pichincha, y el ambiente se llena de un olor a podrido.

Jorge, el de las pruebas chimbas; el padre del prófugo que hacía negocios con la plata del Municipio de Quito, Jorge ha sido restituido en un cargo que ha infamado. Y, para mayor afrenta de todos, dice que no es rencoroso con los que, en el marco de la ética y la justicia, lo destituyeron.

La mayoría de quiteños, acostumbrada al olor del basurero en el que se han convertido la política y la justicia, nada percibe. Y los pocos que detectan el mal olor del ambiente se tapan las narices y se hacen a un lado.

Don Naza”, esté usted donde esté, venga, le invitamos a Quito. ¿Se encuentra fuera del país? No importa. Le pedimos que regrese a nuestra criolla Ciudad Gótica. Aquí tenemos una zona franca para el crimen, una maquila de dinero sucio. Venga no más. No se va a arrepentir. Se lo garantizamos.

Artículo de Fernando López: “Huele a podrido”

Apenas llegue, una legión de jueces y fiscales y abogados se pondrá a sus órdenes. ¿Le preocupa la ley? Ellos son expertos en forzarla, retorcerla, manosearla para que se acomode a sus deseos y designios. Usted tiene lo que ellos necesitan, eso que hace bailar al perro.

Venga. No tema. Así, si cansado, algún día Jorge abandona el palacio, usted podría sucederlo. Ya estamos listos para instituir formalmente una cleptocracia. Ya podemos, al estilo de Inglaterra, fundar nuestras propias dinastías de jorges, homeros, sebastianes con sus respectivas numeraciones.

Ética, vergüenza, dignidad, decencia son simples palabras que Jorge, Esteban, Raúl, Cenia y otros se las pasan por el forro.

Asco da, realmente. ¿Harán algo los quiteños o se quedarán cruzados de brazos viendo, aceptando que los corruptos les restrieguen en la cara su cinismo, su impudor, su infamia?

Autor: Fernando López

Fuente: Plan V

1 comentario en «Huele a podrido»

  1. Si las leyes no cambian, seguiremos igual. Necesitamos una revolución desde nuestros hogares, donde enseñemos a nuestros hijos valores y principalmente el respeto y responsabilidad.

    Responder

Deja un comentario