Fútbol y corrupción

Durante mucho tiempo se confundió la popularidad del fútbol con lo público. Parecía que este deporte no era una actividad del mundo privado y, por el gran interés que suscitaba, empezó a ser tratado como si perteneciera al ámbito del interés común. La popularidad asociada al juego, en un país mayoritariamente futbolizado, cuyo interés por el deporte trasciende al conjunto de la sociedad con independencia de ingresos, tendencia política, ocupación o profesión, hace que los políticos se fijen en los equipos, o en la selección, como canales para incrementar su popularidad, conseguir sus objetivos o simplemente desviar la atención de los temas relevantes, aprovechando el fuerte sentido de pertenencia e identidad que genera el juego. El éxito de nuestro equipo se siente muy personal o un reflejo del orgullo nacional.

Gobernantes nacionales o locales, otorgan diferentes apoyos a equipos concretos, usando para ello recursos o bienes públicos, por ejemplo: terrenos para estadios o complejos deportivos, marcadores electrónicos o equipos necesarios para mejorar las instalaciones, cobro diferenciado de servicios públicos, dinero a cambio de publicidad, ventajas tributarias o similares. En ocasiones los beneficios son el mirar a otro lado: algunos clubes parecería que no están obligados a cumplir las reglas al no ser constreñidos al pago de impuestos o de sus obligaciones laborales. Hay, sin duda, tratamientos excepcionales al margen de la ley, por incumplimiento de las obligaciones de control de los funcionarios encargados de ello. Privilegiados, en un país de privilegios.

Este no es un fenómeno local. De hecho, podría decirse que lo que pasa aquí es menor en términos comparativos, si se compara con otros lugares en los que el uso de fondos públicos alcanza niveles más altos.

Al pensar en apoyo estatal no me refiero exclusivamente a aquellos casos en que el poder lo usa para transformarlo en propaganda, cohesión y distracción de problemas sociales relevantes; pienso también cuando el gobernante de turno usa los medios a su alcance para satisfacer sus preferencias, sus gustos, poniendo al servicio del equipo del que es hincha su influencia para canalizar auspicios o, en los casos más graves, recursos públicos por medio de préstamos en condiciones excepcionalmente ventajosas o propaganda que no responde a necesidades de comunicación o estrategias globales legítimas o necesarias, sino al gusto personal.

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Artículo de Farith Simon: “Fútbol y corrupción”

La opacidad es un signo claro de estas prácticas; las ventajas indebidas recibidas fuera del campo de juego ponen en duda que la competencia se de en condiciones de igualdad, si no cabe hablar directamente de corrupción; pero, es preocupante que muchos no sean capaces de diferenciar lo que implica la publicidad o los préstamos con fondos privados y la misma acción con recursos públicos; considerando que el fútbol profesional es una actividad privada y un negocio en varios niveles, el fanatismo de la política o del hincha de los equipos beneficiados parece eliminar todo sentido crítico: que muchos lo hayan hecho no significa que sea correcto, sin importar quién se beneficie de ello, es corrupción.

Autor: Farith Simon

Fuente: El Comercio

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