El virus del populismo

La ciencia no conoce por qué algunos virus desaparecen, mientras que otros pueden persistir y causar enfermedades durante siglos. Este último caso es el del populismo, que pareciera no tener fin como lo confirman las experiencias de Venezuela, Argentina y el propio Ecuador que cuenta un largo romance con el populismo, aunque nunca tan letal y profundo como el ocurrido entre 2007 y 2017, y que algunos ecuatorianos inclusive coquetean con su regreso en 2021.

La persistencia del populismo en Ecuador queda marcada por la línea de tiempo que se detalla en la obra Macroeconomía del Populismo en la América Latina, de los prestigiosos economistas Rudiger Dornbusch (lamentablemente fallecido) y Sebastián Edwards. Una primera etapa en la que se eleva la producción y el empleo, es la que genera una gran adhesión popular y fuertes añoranzas. En Ecuador, sería el periodo comprendido entre 2008 y 2014, pero que obedece al aumento del precio del petróleo que rompió los récords históricos de todos los tiempos, antes que cualquier buena política pública. La inflación absolutamente controlada gracias a la dolarización nunca fue un problema y las importaciones aliviaban cualquier escasez de la producción.

Luego de esta expansión inicial viene una segunda etapa, que podría definirse entre 2015 y 2018, en la cual comienzan a aparecer los primeros cuellos de botella debido a la falta de respuesta de la oferta y una creciente falta de divisas por los desequilibrios externos, la misma que se intentó suavizar con un agresivo endeudamiento externo. En una tercera etapa, explotan los desequilibrios fiscales y viene la escasez generalizada y el agudizamiento de la falta de divisas que conducen a la desmonetización de la economía, tal cual lo ocurrido en 2019.

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Artículo de Carlos Rivera: “El virus del populismo”

Posteriormente viene la cuarta y última etapa, que es la que estamos viviendo y nos tocará vivir a principio del siguiente gobierno, y que es la inevitable política de estabilización y el denominado “sinceramiento de la economía”, que para Ecuador representa una operación de alto riesgo por todos los conflictos sociales y políticos que se pueden venir. Paradójicamente, el populismo utiliza justamente esta etapa como chivo expiatorio para tener a quien culpar por los efectos de sus propias políticas y atraer votantes en las elecciones.

Sostengo que el populismo es como un virus, por lo altamente contagioso y destructivo. Lo contagioso tiene relación con esa atosigante propaganda política basada en retóricas mesiánicas y el uso de chivos expiatorios y de teorías conspirativas diseñadas para generar la atracción del electorado.

El carácter destructivo no solamente tiene que ver con los deplorables y magros resultados económicos citados por Dornbusch y Edwards en cuanto al privilegiar el muy corto plazo y la redistribución del ingreso en lugar del crecimiento económico de largo plazo y el menosprecio de los riesgos del financiamiento deficitario, las restricciones externas y la reacción de inversores, ahorristas y consumidores frente a políticas agresivas al mercado, que terminan frustrando el crecimiento que se intenta promover; sino al hecho que acaban todas las defensas del sistema, hasta que el organismo se encuentra totalmente a su merced y cuyos síntomas más evidentes son:

• La tendencia a concentrar todo el poder y la legitimidad en una persona, a tal punto que no se puede hablar de una propuesta partidista, sino de Correa y sus acólitos.
• El vaciamiento de las instituciones para que la gente entienda que cualquier cosa es por la bondad de su majestad.
• La ley como estorbo y la justicia como un obstáculo que debe ser neutralizado o sometido.
• El clientelismo como sistema de compra de voluntades y aseguramiento de lealtades.
• El estado que se trata de hacer cargo de la vida de las personas.
• La descalificación y persecución de todo aquel que piensa distinto.
• El derroche y facilismo económico.

En febrero del 2021, Ecuador tiene la oportunidad de quitarse de encima este virus del populismo, debiendo enfatizarse que la línea divisoria no es entre derecha e izquierda, ni el escoger entre diferentes matices en cuanto a propuestas económicas, sino entre democracia y el regreso de una dictadura del tipo populismo nacionalista que no respeta la propiedad y la libertad, la primacía de las instituciones y la separación de poderes, el imperio de la ley para todos y que solamente busca juramentar y sacramentar la corrupción más grande de la historia. En resumen, el estado de propiedad y el Estado de Derecho están en juego.

Autor: Carlos Rivera

Fuente: Plan V

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