El miedo es una emoción pero también es un factor de prevención ante un peligro inminente, nos cuida. Puede tener efectos positivos o negativos puesto que en ocasiones nos bloquea (pánico), pero muchas veces nos hace tomar decisiones determinantes que nos mueven hacia adelante.
Quizás el miedo más grande es tener miedo al miedo. La mejor forma de empezar a trabajar el miedo es visualizándolo, poniéndole nombre e identificando su causa. La clave es no evitarlo y a su vez explorar en qué parte del cuerpo se está sintiendo, ya que en algunas ocasiones el miedo se somatiza. Por ejemplo: al estómago (gastritis), el corazón (taquicardia), la sensación de estar tenso paralizarse, no actuar y quedar en un modo de catarsis, esto sucede cuando se está en un límite tan alto del miedo que ya llega a convertirse en pánico.
Hay situaciones en el día a día como un divorcio, perder a un ser querido, iniciar un nuevo proyecto o reto, enamorarse, entre otras, que pueden producir miedo extremo. Es normal, pero generalmente dar el paso hacia adelante es lo que lo hace desaparecer, porque de esta manera las personas se ponen en contacto con sus sentimientos y la consciencia les otorga control sobre sus acciones y comportamientos. Este paso hacia adelante desbloquea y se activan mente y cuerpo para enfrentar adversidades.
El miedo hay que enfrentarlo, pero no con incertidumbre, un tratamiento ayuda a enfrentarlo de manera consciente, con paz y serenidad, no con resistencia, por el contrario, queriendo saber e identificar lo que el miedo está queriendo decir o advertir. Es una mezcla con la angustia, la cual es una anticipación del futuro, algo que no ha ocurrido y el miedo se encuentra en el presente.

A su vez, el miedo puede ubicarnos en una situación límite, que puede incluso conducir a experimentar ataques de pánico o depresión, el cuestionarse sobre cómo enfrentar una situación sin obtener respuesta, sentir fobia. Pero al atreverse a ver más allá de estas crisis e identificar cuál es el mensaje que están enviando, con el deseo de desenredar todo y empezar a ver el miedo con cariño, se logra salir adelante.
Ese es el miedo: un nudo que en una parte del cuerpo se manifiesta e impide avanzar, y al empezar a desenredarlo de a poco, con amor, con tolerancia, con paz, resiliencia y constancia, se decide vencer, y se avanza, sin darse cuenta, sacando fuerzas de lo mejor de cada quien, retirando el miedo porque al obtener ayuda, se está consciente, se tiene control y se conoce la causa de este.
La vida se mueve por dos bloques: El amor, que vibra hacia arriba: sentimientos de bondad, ternura, felicidad y generosidad. Y el miedo, que vibra hacia abajo: sentimiento de envidia, egoísmo, celos y temores.
Conéctate con tu fortaleza, recupera tu poder interno y haz todo lo que necesitas para sentirte en seguridad y en paz contigo mismo. Busca ayuda profesional cuando creas que no tienes control al intentar manejar el miedo para que tus síntomas no lleguen a desencadenar en otro más complejo.
Tamara Vareles – Psicóloga Clínica

