El declive de la Fe

Hace algo más de dos milenios la palabra de Jesús sembró la semilla del cristianismo que se regó durante los siguientes siglos por todo el planeta a través de católicos, protestantes y ortodoxos. Los cristianos representan a la gran mayoría de la población global pero todo parece indicar que no será así por mucho tiempo.

En Estados Unidos, nueve de cada 10 personas en 1972 se declaraban cristianas pero para 2020 solo lo hacía el 64%. Según una proyección del Centro de Estudio Pew, que incluye cuatro escenarios posibles, el número de cristianos seguirá decreciendo frente a una población cada vez mayor que se autodenomina “no religiosa”.

Los investigadores de Pew identifican dos causas principales: la primera tiene que ver con la capacidad de las personas para satisfacer sus necesidades a través de la medicina, el dinero, los estudios y la tecnología: quizás creen no necesitar tanto a Dios. La segunda está directamente ligada a la aparición en los años 90 de influyentes grupos de derecha en el Catolicismo, que representa a la mitad más uno de los cristianos del mundo. Esa imagen elitista, machista, clasista y condenatoria ha empujado a una deserción masiva en personas que rondan los 30 años de edad.

El dato más reciente del INEC indica que el 92% de los ecuatorianos dice pertenecer a una religión y que cuatro de cada cinco son católicos. No es de extrañarse si esos números van a variar hacia la baja en el próximo censo. Es un fenómeno que ya se registró en países con gran influencia católica como México y España. De hecho, el mismo Pew publicó un estudio en 2014 en el que se marcaba el fuerte retroceso de la fe en América Latina.

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Artículo de José Velásquez: «El declive de la Fe»

El ala conservadora del Catolicismo deja su impronta en la política y no siempre en los mejores líderes, a los que además justifica de manera cuadriculada. También es innegable que puede ser cruelmente severa para juzgar al prójimo pero mira al otro costado frente a los escándalos de abusos sexuales dentro de la misma iglesia. Ese no es precisamente el mensaje de amor que trajo Jesús hace más de 2 000 años.

Autor: José Velásquez

Fuente: El Comercio

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