El correísmo es hoy la Banana Republic

En diciembre de 2009, Rafael Correa publicó “De la Banana Republic a la No República”. El libro pretendía ser un análisis particularmente enfocado en lo acaecido en la economía ecuatoriana de 1979 a 2006. No obstante, ese texto era esencialmente una declaración política que Correa usó en su propaganda y recogió en una fórmula que lanzó en la presentación del libro: “la larga y triste noche neoliberal…”.

Con la figura de la Banana Republic no solo hacía mención al término que apareció en el cuento El Almirante en 1904. Su autor, el escritor William Sydney Porter, hablaba de una realidad de pequeños países tropicales que producen bananas. Pero es obvio que esa denominación se volvió peyorativa y es así que Correa la usó: países bananeros que carecen de instituciones, tienen élites y políticos corruptos y son el hazmerreír internacional.

En ese libro Correa perfilaba el mundo que pretendía cambiar. Inútil decir que no solo fracasó en el intento sino que hoy (para no volver a su gestión), él y su partido encarnan a la perfección la imagen que un día usó como repelente: la Banana Republic. Responsables de chanchullos, robos, acuerdos entre privados, peculados, crímenes de Estado… Y ahora socios y amigos de personajes como Luis Almeida. Promotores de íconos de la moral pública como Roberto Cuero. Defensores de asaltantes de recursos públicos como Jorge Glas. Salvadores de diezmeros como Eckenner Recalde.

Ellos son una suma de farsas. Correa pudo sacar al país de algunas de las taras que configuran y reiteran la penosa fama de ser una república bananera. No lo hizo: prefirió mejorar algunos de esos estándares con un agravante: dio a muchos de ellos estatus ideológico. La política con él dejó de ser posibilidad de cambio. El cambio mutó en disfraz marquetero. Su famosa revolución se volvió un sinónimo más de gatopardismo.

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Artículo de José Hernández: «El correísmo es hoy la Banana Republic»

El correísmo ancló con fuerza -como si hiciera falta- una idea deplorable: la política es una guerra despiadada de mafias que se disputan a dentelladas el poder, el erario y los organismos de control para vivir como señores feudales. Señores poderosos, millonarios e impunes. Desde 2007 lo pudo hacer monopolizando la troncha. Ahora la quiere compartir con el socialcristianismo, el ala radical de Pachakutik, el ex MPD…

El correísmo ha probado que puede aliarse con quien sea. Antes del 24 de Mayo preparó una alianza con CREO y el PSC. Correa pidió una Comisión de la Verdad que lavara más blanco que ciertos detergentes. Y como Guillermo Lasso se bajó de esa camioneta, él estrechó sus relaciones con el socialcristianismo para atentar contra la estabilidad del presidente. Quedarse con el Cpccs es parte de la tarea que también incluye adueñarse de la Fiscalía y de las cortes. Correa es hoy la Banana Republic, como Daniel Ortega es hoy el nuevo Somoza en Nicaragua.

Correa y los suyos son hoy aliados de guacharnacos y otros especímenes; hazmerreír de embajadas y cancillerías extranjeras. Ese espectáculo que decía mortificarlo es parte hoy de su repertorio. Ayer aceptaban que los cuatro de su mayoría cometieran todo tipo de irregularidades a la cabeza del bodrio que ellos crearon. Hoy, ante el cambio de esa mayoría, gritan “golpe de Estado Institucional”. Y en vez de admitir que ese bodrio del Cpccs debe desaparecer, proponen un juicio político para resucitarlo y volver a trepar en el cargo a la representante impresentable del clan Almeida.

La decencia intelectual que un día tuvieron algunos de ellos, tipo Pabel Muñoz, fue archivada. Hoy ellos son actores de esa Banana Republic y con su concurso el número de políticos corruptos aumentó. Así en el país de opereta que han ayudado a fabricar, el correísmo se convirtió en el mayor cartel político. Y en la prueba irrefutable de que la sociedad política -con muy pocas excepciones- es la principal causa de atraso que tiene el país.

No hay cómo desmentir a Correa: él siempre ha sido un ejemplo manifiesto de la psicología proyectiva: hizo el retrato de la Banana Republic para endosar a otros el imaginario de señor feudal que en secreto perseguía: ser poderoso, millonario e impune. Él y los suyos son hoy el producto perfecto de lo que ayer dijeron odiar.

Autor: José Hernández

Fuente: 4 Pelagatos

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