¿Correa trituró definitivamente a Arauz?

¿Cuánto incidirán los factores psicológicos en la elección del 11 de abril? Los estrategas de campaña consideran decisivo el estado de ánimo de los electores a la hora de ir a votar. Pues bien: el domingo 11 los ciudadanos irán a las urnas cansados de la guerra declarada de Rafael Correa desde hace 14 años; hartos de la crisis económica, el desempleo y la inseguridad; escandalizados por la ola de corrupción; exhaustos por el coronavirus e inciertos ante el futuro inmediato.

Estos factores ya estuvieron presentes el 7 de febrero. Ese día, el 36% del electorado votó por dos candidatos que preconizaron una tercera vía. Ni Andrés Arauz ni Guillermo Lasso. Ese fue uno de los mensajes más poderosos de la primera vuelta: no más polarización, no más toxicidad en el debate de cómo sacar el país de todo esto. Ese día quedó claro que los candidatos finalistas requerían extender la mano y buscar mecanismos para unir al país ante las plagas que lo azotan.

Andrés Arauz lo entendió y lo probó al querer poner distancia con su tutor político. Una finta de mercadeo que su propia historia, sus textos y su doble discurso se encargaron de poner en jaque. El resto lo hizo Rafael Correa, quien no se cansó, durante 14 años, de subir al ring -por turnos- a casi todos los sectores de la sociedad. Él no entiende la política de otra manera: necesita enemigos y cuando no los tiene los fabrica.

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Artículo de José Hernández: “¿Correa trituró definitivamente a Arauz?”

Correa sigue vociferando, nombrando a aquellos de los que se vengará, recordando a Lenín Moreno que no tendrá dónde esconderse, perorando que todo es cuestión de tiempo y que sus enemigos, reales o imaginarios, nada pierden con esperar. Correa ha triturado a Arauz, como antaño hizo con Augusto Barrera. Lo volvió insubstancial. ¿Quién, en esas condiciones, podía creer a Arauz cuando dijo, para confundir la galería, que el odio prodigado por su tutor estaba archivado?

Guillermo Lasso hizo lo contrario. Bajó el tono; en vez de dar cátedra empezó a oír, dijo estar presto a sumar las propuestas de Hervas y Pérez a su programa de gobierno, fabricó una mesa multicolor y un lema “encontrémonos” que le ha permitido reunirse con jóvenes, agricultores, mujeres, ambientalistas, grupos Lgbti, transportistas, recicladores… y un largo etcétera. Lasso ha calmado el juego y se ha dedicado, en su recorrido por el país, a diseñar un ambiente más acorde con el deseo de ese electorado que quiere superar la polarización y unir fuerzas -sin negar las diferencias- para sacar al país del hoyo en que se encuentra. Quizá eso explica su ascenso en casi todos los sondeos.

Arauz no ha podido quitarle el celular a Correa: desde ahí lo hunde cada vez que escribe. Pero podía hacer cosas por sí mismo para tranquilizar el electorado que, ante las pandemias, tiende a huir hacia adelante. Tampoco lo ha hecho. Su capacidad para crear desazón, en un momento en que el país busca certezas, es proverbial. Ferió su palabra en el momento más álgido de la elección: ¿cuántos votos le habrá costado mentir sobre los 4 millones de vacunas supuestamente prometidas por el presidente argentino? ¿Mentir sobre su desvinculación del Banco Central? ¿Mentir sobre las casas de Lasso? ¿Mentir sobre el contrato con sobreprecio para el Festival de Loja? Y así. ¿Cuánto votos habrá perdido por ser enemigo confeso de la dolarización? Dirá que remendó sus textos y acomodó sus declaraciones. Pero el daño quedó hecho y se entendió que desdolarizar hace parte de sus convicciones.

Lo mismo ha hecho con el Fondo Monetario Internacional. ¿Qué efecto psicológico puede producir oír a un finalista decir, en momentos dramáticos en que el sentido de vulnerabilidad se multiplica, que si gana revisará el acuerdo con el FMI? Por prurito ideológicos electores de los que votaron por Hervas y Yaku pueden ser críticos del FMI. Pero saben que sin ese apoyo económico y sin la renegociación de la deuda con los tenedores de bonos (en la cual pesó a favor del Ecuador el FMI), no hubiera habido dinero para pagar salarios a funcionarios y partidas a los gobiernos seccionales. Arauz, al atentar contra ese único apoyo financiero, en período de extrema debilidad, luce como artillero con granada en mano y sin seguro.

Se ignora qué estratega habrá dicho a Arauz que si, con tantas pandemias enfrente, profundiza la división y el odio entre ciudadanos y crea más factores de incertidumbre en el país, saldrá elegido presidente este 11 de abril.

Autor: José Hernández

Fuente: 4 Pelagatos

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