Tres vueltas electorales

Al parecer no somos capaces en el Ecuador ni de llevar a cabo un recuento de votos de manera limpia y transparente. Los recuentos no son una oportunidad para ocultar fraudes ya cometidos en el escrutinio original, y peor para incurrir en nuevos fraudes. Su propósito es la de inyectar transparencia en las elecciones, no para crear más dudas. Si para algo va a servir el enorme recuento al que estamos abocados, con el gasto que ello implica, lo mínimo que debemos esperar es que se lo haga sin mañoserías, sin dedicatorias. Que uno de los candidatos haya requerido taimadamente que únicamente se revisen ciertas urnas y actas, y de ciertos recintos, y que serían los que él ha escogido unilateralmente, constituye una burla evidente. Y peor aún si son mesas donde los resultados le dan una clara victoria. ¿Cuál es el interés de que solo se recuenten las urnas donde ya está claro que él ganó y no en otras donde hay dudas sobre los resultados? ¿Por qué no hacerlo aleatoriamente si no hay un acuerdo entre las partes? El candidato que insistió tanto en abrir las urnas ahora parece temer las consecuencias de que ello se lo haga de forma transparente y legal, sin favoritismos. A esto se suman los diversos indicios que van saliendo de burdas inconsistencias en las pocas actas que se han hecho públicas.

Por lo visto, Ecuador estaría por ser el primer país en el mundo con tres vueltas electorales. La primera sería la que ocurriría en la fecha fijada para las elecciones. La segunda tendría lugar pocos días después y su objeto sería corregir los fraudes incurridos en el primer escrutinio, y que es la vuelta electoral que estamos viviendo hoy en día. Y la tercera vuelta electoral sería la que definiría el candidato ganador luego de superar los fraudes cometidos en la primera. Si bien este escenario no deja de tener su ingrediente de comicidad, en el fondo constituye una vergüenza. Es el reconocimiento más evidente de nuestra decadencia social. Parecería que no somos capaces ni de recontar los votos de una elección de forma honesta, no se diga de tener un proceso electoral limpio y democrático. Los grandes responsables de esta coyuntura de incertidumbre son, con escasas excepciones, los integrantes de las instituciones electorales. Desde hace meses han dado muestras de incompetencia y opacidad. ¿Cómo es posible que hayan permitido que se inscriban ciertos movimientos políticos que se constituyeron con firmas falsas, según lo determinó la Contraloría, y financiados con dinero de la corrupción? ¿Cómo es posible que hayan aceptado candidaturas que no cumplían con los requisitos de ley por el simple hecho de que aparentan ser muy “populares”? ¿Por qué la presidenta del CNE anunció la noche de las elecciones el segundo lugar basada en un conteo rápido y con estrecho margen? Y así por el estilo.

Más de una década vivimos bajo la dictadura del régimen más corrupto que haya tenido el Ecuador desde que se constituyó como república. La corrupción que ya existía antes llegó con esa dictadura a su máximo esplendor, tanto que terminó por ser endiosada y aceptada de forma transversal por la sociedad ecuatoriana. Una mafia que usó la violencia como forma de imponer su voluntad, de doblar la ley y de silenciar a cobardes y mediocres por igual. Y encima quieren volver.

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Artículo de Hernán Pérez: “Tres vueltas electorales”

Autor: Hernán Pérez Loose

Fuente: El Universo

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