Fénix, el plan que nunca existió

Al inicio de su primer periodo presidencial temporal, el presidente Noboa irrumpió con arrogancia calificando como fracasada la política de seguridad del gobierno del presidente Lasso. Noboa anunció un plan, el denominado Fénix, que según él, eliminaría la delincuencia. Se caló un casco, se chantó un chaleco antibalas —no de los que compró el ministro Don Bolsas, a una tienda de esquina— y empezó a firmar decretos de estado de excepción para hacer lo que no se debe hacer, pero que creen que es lo único que se puede hacer: militarizar las calles pensando que los militares pueden combatir la delincuencia.

Ha contado con el aplauso de quienes fueron tenaces críticos de las gestiones de seguridad durante el gobierno del presidente Lasso. Muchos “periodistas” han plegado a ese mensaje de guerra, lo promueven y justifican. Un periodista que hoy es casi vocero del gobierno, por ejemplo, cuya mayor preocupación, en tiempos de Lasso, era que se compren unas camionetas para vigilancia, con el elemental  criterio que el patrullaje era la clave de la seguridad; o los mercenarios de La Posta que acusaban al gobierno de tener las manos llenas de sangre, que además corría por las cunetas.

Esto decían cuando no vivíamos, como en este gobierno, el año mas violento de la historia. Deberían hablar de “rios de sangre”, ¿cierto? La verdad es que voces oficialistas y los que adhieren al gobierno sostienen que de lo que se trata es de tener fuerza, pantalones, solvencia testicular o cualquier otro eufemismo para validar la imagen de casco y chaleco antibalas. Pero, esa euforia propagandística no acompaña a la verdad. El gobierno ha fracasado en reducir la violencia, en reducir la fuerza del crimen organizado. Ha desgastado los estados de excepción y ha incurrido en la peligrosa maniobra de reformas legales con atribuciones super extraordinarias —que derivarían inevitablemente en abusos, por la propensión demostrada— y, peor aún, ha intentado —parece que sin éxito— pasarle la cuenta de su fracaso a la Corte Constitucional.

En estos días, Jan Topic ha insistido en una acertada propuesta que le escuché decir durante su campaña a la presidencia: contener el ingreso de droga en las fronteras. ¿Por qué se desató el microtráfico?  Los torpes acuerdos de paz irresponsablemente negociados por Juan Manuel Santos, provocaron que las FARC (la fuerza narcoguerrillera que ha controlado la frontera sur colombiana) se fraccionaran en por lo menos cinco nuevos grupos —llamados frentes— y se ampliaran los campos de cultivo. Desde 2016 a 2024 se quintuplicó la producción de hoja  de coca (50K a 250K hectáreas) con dos cosechas anuales y mayor eficacia en el refinamiento. Muchas más droga que debe encontrar salidas para llegar a mercados de consumo.

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Artículo de Diego Ordóñez: «Fénix, el plan que nunca existió»

Correa eliminó el puesto de vigilancia en Manta, que con la mejor tecnología observaba los movimientos delincuenciales de ingreso, tránsito y salida de cocaína. Sin estructura de control, vigilancia, monitoreo (inteligencia) Ecuador se volvió propicio como corredor de tránsito a cargo de pandillas locales que reciben pago en especie, mercancía que luego se vende en dosis que envenenan las calles.

Las acciones de los gobiernos y de la policía se han orientado en mucho a incautar en puertos, para evitar que salga droga; pero poco en evitar que ingrese. En el gobierno del presidente Lasso ya se desarrolló un plan que movilizó personal de FF.AA. a la frontera norte, y se diseñó un sistema de control y vigilancia (inteligencia preventiva y reactiva) para monitorear la frontera, las trochas y los caminos y carretas carrozables, dentro de la Estrategia de Seguridad y Paz (libro azul) que tenía como eje a la “contención”; que es lo que Topic ha recomendado también.

Reducir el ingreso de droga debe ser un indicador de eficacia y no las incautaciones en los puertos. Pero, esa es solo una arista de una estrategia global de combatir al crimen organizado: hay que perseguir las economías criminales e identificar las redes de toma de decisiones en las estructuras delincuenciales, para lo que es fundamental dotar de tecnología a la UAFE y a las instancias de inteligencia de la Policía; la que requiere cambiar  la legislación de su régimen disciplinario (de lo que no hay ninguna mención entre las propuestas gubernamentales) y recibir mejoras en sus capacidades logísticas y operativas —lo que se ha visto es compras en favor de FF.AA. —. Todo esto hay que hacer, aparte de la reforma judicial, pero no con wuiñachiscas a la orden del presidente, sino con gente decente que haga una reforma decente. Sin embargo, nada de esto se ha hecho y allí los resultados cuyos costos el presidente Noboa elude, con sus inoficiosos desplazamientos al exterior. 

Los hechos se imponen, aún sobre la propaganda. No se puede engañar a todos todo el tiempo. Y esa realidad muestra que no obstante la presencia casi continua de los militares en las calles, por más de 21 meses, hemos coronado 2025 como el año más violento de la historia y aún no ha terminado.

El Fénix debe ser el único plan que fracasa sin nunca haber existido. La reactividad sigue siendo la línea de gestión y poner sobre los hombros de FF.AA. responsabilidades para las que no están preparadas y no dedicarles a cumplir aquellas para las que sí están preparadas como la contención en fronteras.

Investigar delitos, perseguir pistas, configurar casos, usar herramientas de inteligencia es tarea policial para lograr lo que sí es acertado: apresar a objetivos de valor alto o medio, desarticular los mandos de los GDO, incautar sus comunicaciones, bloquear el tránsito del dinero y rastrear su destino para evidenciar y denunciar las redes de corrupción dentro de organismos de seguridad y administración de justicia; es tarea policial. No es por la fuerza que se combate al crimen organizado. No es acusando a la Corte Constitucional de cumplir con la obligación de ponerle límites a los desafueros y abusos del gobierno. La clave es la Inteligencia. Ojalá algún rato sea la inteligencia la que se imponga y se lidere un plan efectivo que le devuelva tranquilidad al país. 

Autor: Diego Ordóñez

Fuente: Plan V

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