«No dejes nada por escrito»

Fue la instrucción del entonces vicepresidente Glas al influyente burócrata, pieza del engranaje absolutista. Parte de la cuadrilla. El video de 2014 que ha circulado por las redes muestra una irreductible verdad: los regímenes que navegan por las aguas de la corrupción necesitan la comodidad de lo escondido. Ocultar lo que hacen. Actuar desde la obscuridad. “Elimina las restricciones”, para el libre comercio de los combustibles en la frontera. Cerca de la narcoguerrilla. Venta libre de explosivos, para la minería ilegal y apetecido por las FARC o el ELN. Si alcanzaba para todos, daba igual. Había que ganar las elecciones y proteger al jefe.

Fue el reino de la opacidad. Donde el secreto era la regla. Todo reservado: préstamos, contratos, acuerdos, sobreprecios, cifras, transferencias, billetes, lingotes, vuelos. Todo cubierto por las emergencias y los estados de excepción. Una intensa neblina y bruma cubría los negocios del Estado. Lo único público era la enceguecedora pompa de las sabatinas de la propaganda y el despliegue del anormal ego del caudillo. La seducción de la complicidad y el silencio. Fue el gobierno de los afines e íntimos. Guarecidos en la maquinaria de propaganda y fábrica de mentiras.

¿Se acuerdan que los funcionarios estaban prohibidos de comparecer ante la prensa? Tenían una feroz resistencia a la información. Sabían que el acceso a la información amplía el espacio de la transparencia y estrecha la zanja de la arbitrariedad y la corrupción.

Norberto Bobbio decía: «La democracia es idealmente el gobierno de un poder visible, es decir, el gobierno cuyos actos se realicen ante el público y bajo la supervisión de la opinión pública». Glas lo sabía, por eso actuaba desde la penumbra. Por eso, el acoso a la prensa «corrupta». Había que despedazar los periódicos y asfixiar a los medios. Para la tira de desaforados y hambrientos de riqueza, fue fiesta y comedia. Para los demás, fue la tragedia.

Autor: Ramiro Rivera

Fuente: El Comercio

1 comentario en ««No dejes nada por escrito»»

  1. Qué pena que el Ecuador y otros países del continente estuvieron gobernados por delincuentes de cuello blanco que formaron hordas para tomarse las diferentes instituciones del Estado y sacar provecho con contratos a dedo. Obras mal realizadas, sobreprecios en las adquisiciones, endeudamiento excesivo, corrupción en todas las esferas, persecución a los medios independientes, juicios y persecución judicial a los adversarios, toda una mafia organizada que dejaron un país dividido y en soletas.

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