Narcopolítica: ¿quién fue el estúpido que…?

Los delitos son como los trenes: uno puede esconder otro. Es irremediable. En el mundo criminal las relaciones derivan en vinculaciones y tras una ilegalidad con perfil de delito común, ahora aparece el narcotráfico con una capacidad inenarrable de corrupción y un rosario infinito de amenazas, violencia y muerte.

Ecuador está descubriendo este escenario que está instalado desde hace lustros. Fortunas que aparecen como hongos tras la lluvia. Nuevos ricos que exhiben anillos, cadenas, pulseras de oro; propiedades y carros de lujo y mujeres hermosas que el país contempló en concursos de belleza. Padrinos convertidos en papás-noel en comunidades miserables que los ven como sus nuevos salvadores. Fallos judiciales inexplicables que sacan de las cárceles a tipos con expedientes judiciales manchados de sangre. Y, claro, políticos que aparecen con ellos en fotografías: los delincuentes las hacen pensando en garantizar su seguridad y su protección. Los políticos las explican como pruebas irremediables de su popularidad. No recuerdan dónde las hicieron ni quiénes aparecen con ellos. ¡Ah, si ellos cobraran por cada fotografía!

Las fotografías son un problema. Los narcopolíticos -es un automatismo- las niegan siempre. Las endosan a la mala leche de sus adversarios que usan cualquier detalle para vilipendiarlos. Las fotografías son, en todo caso, armas de disuasión. ¿Quién hizo, por ejemplo, la fotografía de Xavier Jordán en Miami, en su casa, en su piscina, con los panas que invitó a su aniversario, al cual asistió el Latin King Ronny Aleaga? Esa fotografía lo vuelve vulnerable y crea un halo de desconfianza a su alrededor. Jordán con seguridad no es hoy lo que creía ser hace unos días. Tampoco Aleaga.

Esa fotografía generó el mismo terremoto en el correísmo. Aleaga ya no es un trofeo para mostrar, como Correa lo ha usado durante años. Al punto de convertirlo en asambleísta, de enviarlo como su representante al Consejo de Administración del Legislativo, CAL, y de darle vocería como la estrella ascendente de su organización. Lo que ayer era una supuesta política de inclusión y reinserción de bandas, ahora muta en sospecha. O la confirma. Vincula al correísmo con gente acusada de participar en la corrupción de hospitales que, a su vez, está relacionada con el narcotráfico. Correa mismo registró esa señal de alerta. Y tras defender a Ronny Aleaga, le pidió explicaciones y activó un supuesto Comité de Ética en su movimiento para que lo investigue.

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Artículo de José Hernández: «Narcopolítica: ¿quién fue el estúpido que…?»

Esa movida, supuestamente inspirada en consideraciones éticas y morales, produjo un efecto contrario. Varios, en realidad. Correa puso en evidencia que Aleaga se volvió peligroso para él. Pidió una explicación que sabe imposible, como efectivamente se comprueba con la respuesta de Aleaga. Y mostró que esa foto contiene elementos comprometedores para Aleaga y, por tanto, para él. Y al hacerlo, se puso en una situación imposible: ahora tiene que explicar sus fotografías al lado de supuestos o reales narcotraficantes. Tiene que pedir explicaciones también a Marcela Aguiñaga que aparece en una fotografía con el mismo Xavier Jordán en un estadio. También ella dio la explicación de cajón ya referida y creyó así cerrar el capítulo que tiene caminando por los tejados al prófugo en Bélgica.

No, no será tan fácil. El correísmo ha generado señales que, por asociación, resucitan en la memoria nacional casos y hechos que sembraron la sospecha de que, con esa organización, el país estaba frente al fenómeno de la narcopolítica: el cierre de la Base de Manta, los radares chimbos, la valija diplomática, la visita de la hermana de Correa a los hermanos Ostaiza en la cárcel… Y esa sospecha la nutrió el mismo Correa que apareció en fotografías que hoy, a la luz de la fotos de Aleaga-Jordán y Aguiñaga-Jordán, resultan más escandalosas, porque él era presidente. Y ante las cuales no ha dado explicaciones mínimamente creíbles.

Correa siempre puede recurrir a discursos estigmatizadores o descalificadores. No obsta: los casos y los hechos que están en fotografías y videos relacionan su organización con el fenómeno de la narcopolítica. Esa percepción -esa certeza para algunos- no la superará distanciándose de Aleaga. O contando al país que en su partido hay un comité de ética. Los chistes que eso ha provocado muestran que está en graves problemas.

Autor: José Hernández

Fuente: 4 Pelagatos

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