“Mi única ‘intención’, presidente, es que mi mamá no se muera”

Lenín Moreno sugirió que la caída de la página del Plan de vacunación podría deberse a actos de “mala fe” de quienes ingresaron de manera simultánea.

Mi mamá lleva un año encerrada. No ha salido ni a la esquina desde que empezó la pandemia. Siente terror del virus. Hace más de cinco años, un evento cerebrovascular del cual, según los médicos, se salvó de milagro le limita, entre otras cosas, a tener ‘emociones fuertes’. El miedo es una de ellas. Por eso, en un país como Ecuador, donde cada día hay algo por lo cual temer o alterarse, le hemos prohibido ver las noticias.

Ella no sabe, por ejemplo, que al inicio de la pandemia, hubo ataúdes en las aceras de Guayaquil. No sabe del ‘negociado’ con fundas de cadáveres e insumos médicos mientras gente clamaba por atención. No tiene idea, o tiene muy poca, de que en un año, la corrupción en el país se ha proliferado tan rápido como la muerte.

Su enfermedad cerebrovascular casi nos quita a la mujer más buena, amable, paciente y dulce que ha pisado este mundo. Una venita se le reventó en su cabeza, a causa de su presión alta y su diabetes. Una venita que fue ‘buena’ con nosotros porque a la mayoría le quita la vida, pero escogió dañarse en un lugar que, como consecuencia, le quitó parte de la movilidad de la pierna. Tuvimos suerte, pero a ella ahora la limita a su hogar. Tiene 67 años y es una persona vulnerable.

Cuando supimos de la llegada de las vacunas al país, en mi casa hubo algo de esperanza. Lógicamente, lo primero que hice al enterarme de que podíamos inscribirla para que fuera parte del Plan Vacunarse, fue tratar de acceder a la página web para el proceso, inmediatamente esta se habilitó el pasado 15 de marzo. Lo primero que salió fue: “No se puede acceder a este sitio”. ¿Me sorprendió? No.
¿Me indignó? Mucho. Dos días después, el 17 de marzo, el presidente Lenín Moreno sugería que quienes habíamos ingresado simultáneamente la mañana de ese lunes teníamos alguna “intención” relacionada con colapsar el sistema. Y, claro, presidente, claro que teníamos una intención, pero no la que usted sugirió. Nuestra intención es la misma que la de su ex Ministro de Salud, Juan Carlos Zevallos, que usted tanto elogió: el de vacunar a nuestras madres. Él pudo. Nosotros, seguimos indignándonos. Nuestra intención es que nuestros familiares no se mueran.

Al mismo tiempo que trataba de buscarle un cupo a mi mamá, veía el video de los integrantes del Club Rotario de Guayaquil en su proceso de vacunación. Música en vivo, alegría, comida, piscina, risas. Parecía una fiesta. Y claro que puedo imaginar su alegría, pero no la comparto, así no. No mientras mi mamá, que no es parte de ningún club, que no es pariente de un Ministro, que no es influencer en redes sociales, no pueda acceder a una dosis siguiendo el “deber ser”. “Deber ser” que parece no existir en el país. No mientras ella siga encerrada en su casa y ni ‘sueñe’ con irse a la piscina, menos con música en vivo. El mismo Club, con sede en Quito, se indignó. Indignarse, qué verbo tan recurrente.

Mi mamá no sabe nada de esto. Dudo que entienda por qué un grupo de gente, en lo que parece una fiesta a la cual ella no puede acceder, se vacuna primero. Tampoco lo entiendo. Ella se preocupa sola, en silencio, mientras ve cómo mi padre, paciente renal crónico, sale tres veces por semana a sus diálisis y tiene terror de que no vuelva, como le pasó a mi tío, a quien la COVID-19 le quitó la vida. Mi padre también es una persona vulnerable, pero él preferiría que mi hermana, que es médico y que no ha recibido la vacuna, lo haga primero.

Nuestra familia -donde hay dos pacientes crónicos, que son adultos mayores, y además una médico- ha pasado un año, como algunos ecuatorianos, haciendo lo que se puede de su lado: no saliendo de casa o cuidándose para no enfermar y así ir a trabajar. Y no ven posibilidad cercana de vacunarse. Al menos, mis padres nos tienen a mí y a mis hermanas y tienen el ‘privilegio’ de no salir. Realidad que no toca a la mayoría de ecuatorianos que viven del día a día, que deben arriesgarse al contagio para comer.

¿Sabe cuántas veces he visto a mis familia en un año, presidente? Dos. Porque soy periodista y estoy en la calle, cosa que usted debería hacer más seguido para que no sugiera que 18 mil personas ingresan a una web de manera simultánea con otra urgencia diferente a la de querer salvar su vida.

El lunes, ese “No se puede acceder a este sitio” se me regresó como una analogía de todo lo que ha significado el Sistema de Salud Pública durante este año. Ya no sé cuántas veces los ecuatorianos que no somos VIP o no somos famosos en TikTokers hemos recibido un “no se puede acceder” como respuesta: No se puede acceder a camas UCI, no se puede acceder a servicios de vacunación, no se puede acceder a información.

Y la impotencia a veces se convierte en terror, sobre todo cuando leo “mi papá, mamá, abuelito murió de COVID”. Un terror que solo nos toca aguantar en silencio. Todos los días hay algo por lo cual indignarse. Y sé que al igual que mi mamá, hay millones de personas en la misma situación que rezan para que esto pase; que aún tienen esperanzas de que las cosas mejoren; que siguen poniendo de su parte para que la enfermedad no las toque; que siguen pensando que el Gobierno hará su parte.

Y el problema no es que los rotarios o jóvenes tiktokers se vacunen, porque es un proceso que debería hacerse con celeridad y que abarque a la mayor parte de la población; el problema es que este proceso se realice de manera irregular. El problema es que usted sugiera que la irregularidad viene de los ciudadanos, mientras su ex Ministro de Salud está en Miami. El problema es que, a gente que a veces no tiene ni para comer, les toque aguantar aun más resentimiento, dolor, rabia, cansancio, desamparo. Que gente que está en primera línea de contagio siga sin sus dosis, como mi hermana y su esposo, también médico.

Y todo lo que está pasando en el país en torno a la inmunización me hace pensar en esa frase de “pobre es pobre porque quiere”, cuyo equivalente sería: “el que no se ha vacunado, no se ha vacunado porque no quiere”. Pero queremos, queremos vacunarnos, pero no podemos.

Claro que quiero que mi papá y mi mamá puedan volver a salir al parque con mi sobrino, claro que quiero poder visitarla como antes, a abrazarla como antes. Pero aquí seguimos los ‘privilegiados’ que tenemos acceso a internet, dándole F5 una página.

“El lunes, por la mañana, 18.000 personas ingresaban el mismo momento, metían la cédula y no metían la fecha de caducidad, que era el mecanismo de validación. ¿Con qué intención? De dejarle pensando al sistema y 18.000 pensadas colapsó el sistema. Quiero pensar que no haya sido mala fe, pero como ya estamos acostumbrados, ya sabemos que hay gente demasiado empeñada en dañar lo que nosotros hagamos, no creo que haya sido de muy buena fe que 18.000 personas hayan tratado de ingresar y no hayan puesto la validación. Para que, para al sistema colapsarlo”.

Lenín Moreno, presidente de la República

Autora: Gelitza Robles

Fuente: Diario Extra

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