Los apelativos que acuñó Alfredo Pinoargote para referirse a ciertos personajes y situaciones de nuestra política dejaron una huella en la sintaxis de la misma. Allí están, por ejemplo, esas geniales expresiones como “el felino”, “el guasón”, “la derecha derecha y la derecha torcida”, “el febresborjismo”, “big brutus” o “la república de papel”, que fue el nombre de su interesante ensayo de derecho constitucional. Pero probablemente la más recordada de sus expresiones fue aquella de “los patriarcas de la componenda”.
Con esta frase Pinoargote dibujó con precisión la estrategia que adoptaron ciertos líderes luego de haber sido derrotados arrolladoramente por el binomio Roldós-Hurtado en las elecciones de 1979. Patriarcas porque en su mayoría eran representantes de una generación que estaba apagándose, ya sea por su avanzada edad o por su visión ideológica. Y lo de la componenda porque tan pronto como se posesionaron Roldos y Hurtado, se dedicaron desde la legislatura a acorralar al Ejecutivo para impedir que cumpla su plan gobierno. Algunos hasta buscaron un golpe de Estado.
Fue entonces cuando Pinoargote comenzó a sembrar la idea de una reforma constitucional que le permita al presidente disolver la legislatura y convocar a elecciones. Su libro buscó demostrar que esta salida era compatible con la experiencia de nuestro país, más allá de si ella calzaba o no en un régimen presidencial. El presidente mostró interés por esta opción ante la ciega pugna de poderes. Por su lado, los patriarcas se aterraron de que sea el pueblo (y no ellos) el que dirima esta pugna; además, disuelta la legislatura perdían todo poder.
El 25 de abril de 1980, en la columna que mantenía en este Diario, Pinoargote decía, refiriéndose a los patriarcas: “De allí que el meollo del problema político actual es el engreimiento y la prepotencia de ellos, acostumbrados a hacer lo que les venga en gana, creyendo que la república es tan chiquita que les calza como anillo al dedo”. Y concluía anotando que el presidente con su decisión de reformar la constitución para poder disolver la legislatura “determinará el otoño de los patriarcas, en vez de [él] convertirse en un retoño de esos patriarcas de las componendas”. Como se recordará, sin embargo, el presidente Roldós dio marcha atrás al último momento y optó por negociar nomás con los patriarcas. El resto es historia.

Presidente tras presidente todos han terminado convertidos, en mayor o menor grado, en títeres del apetito voraz de las oligarquías políticas, económicas y delincuenciales que desde el Poder Legislativo o fuera de él se dedican a succionar al Estado. Y a más de uno le sucedió que cuando creía que tenía asegurado su mandato, gracias a hábiles negociaciones y repartos, terminó igualmente derrocado.
Los patriarcas de ayer han sido hoy remplazados por vulgares piratas, gente que con todo cinismo buscan seguir asaltando las arcas fiscales y asegurarse impunidad. Pero la gran diferencia es que, contrario a lo que sucedía en los tiempos de Roldós, la actual constitución sí contempla la facultad del presidente de la república de disolver a la legislatura y convocarnos a elecciones a los ecuatorianos, tal como Alfredo Pinoargote lo propuso en su momento. En manos del presidente está decidir qué ruta su gobierno y el país van a seguir.
Autor: Hernán Pérez Loose
Fuente: El Universo
