Quién tiene la mayor culpa: ¿el pícaro que engaña, o quienes se dejan engañar?
La presidenta de la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, Caryslia (nombre real) Rodríguez, cumplió estrictamente las órdenes del dictador, cuando leyó la resolución respecto a los resultados electorales en ese país:
“Certifica de forma inobjetable el material electoral peritado y convalida esta sala los resultados de la elección presidencial del 28 de julio del 2024, emitidos por el Consejo Nacional Electoral, donde resultó electo el ciudadano Nicolás Maduro Moros como presidente de la República Bolivariana de Venezuela para el período constitucional 2025-2031. Así se decide”.
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Maduro y el régimen chavista, que ya gobierna 25 años, no dejará el poder a menos que sea echado por una presencia masiva y valiente de los ciudadanos en las calles y el retiro del apoyo de la Fuerza Armada. Salvo casos excepcionales, las dictaduras no se van por su voluntad. Hay que botarlas. Los Lulas, Petros, Morales y congéneres, que propusieron nuevas elecciones en Venezuela, para que Maduro y su pandilla preparen mejor el fraude, no quieren ver la realidad o se alinean con los intereses de la dictadura.

La seguridad cubana, que maneja la política en Venezuela, sabe cómo mantener el poder por 65 años. No importa la pobreza, la escasez extrema y los millones de cubanos que han debido huir de su país jugándose la vida. Castro y su banda no dejarán el gobierno, sino cuando sean echados de él. Y el apoyo de los autoritarios de China y Rusia, Xi Jinping y Putin, -también atornillados al poder – le dan oxígeno al régimen de Maduro.
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El Sistema Interamericano afronta una prueba de fuego con la situación de Venezuela. Son conocidas las limitaciones propias de los organismos internacionales, que, en el fondo, son lo que decidan sus integrantes; pero no puede limitarse a declaraciones retóricas frente al genocidio que implica el éxodo de 8 millones de venezolanos, el irrespeto a los derechos humanos y la persecución violenta a quienes se atreven a enfrentar a la dictadura.
Autor: Francisco Rosales Ramos
Fuente: El Comercio


