Kate Middleton es ahora la Duquesa de Cambridge

Kate Middleton nació en el Royal Berkshire Hospital, en la ciudad de Reading, el 9 de enero de 1982. Hija de Carole Elizabeth Goldsmith, una azafata, y Michael Francis Middleton, un despachador de vuelos. Es la primogénita de tres hermanos, entre los que se encuentran Philippa Charlotte y James William. Su familia es de origen inglés aunque con una lejana ascendencia escocesa y francesa. En 1987 sus padres fundaron la compañía Party Pieces, un negocio de venta por catálogo de artículos y decoraciones para fiestas y eventos. Fue criada en el pueblo de Bucklebury, Berkshire, y concurrió a la escuela St. Andrew’s School, la cual está ubicada en Pangbourne. Años después ingresó en el Marlborough College y posteriormente asistió a la Universidad de Saint Andrews, donde estudió la carrera de Historia del arte y conoció al príncipe William.

Pero eso ya es historia. El día de ayer el príncipe William y la plebeya Kate Middleton se convirtieron en los duques de Cambridge.

Kate Middleton, la mayor de los hermanos del provechoso clan Middleton, llegó a la Abadía de Westminster acompañada de su padre Michael en una limusina Rolls Royce de la reina Isabel II.

Kate Middleton, vestido de novia

Llevaba el vestido de bodas más envidiado de los últimos tiempos, de la firma Alexander McQueen y creado por Sara Button,  muy bella y luciendo una sonrisa apropiada para embelesar a los millones de seguidores de la monarquía inglesa que a nivel mundial siguieron cada minuto y detalle de la boda real.

La duquesa encontró al príncipe en el altar y ambos sonrieron. Se escuchaba el himno “I wad Glad”, mientras ella avanzaba entre los asistentes, aún de la mano de su padre hasta que el patriarca de los Middleton entregó la mano de su hija a William.

“Yo te tomo a ti, Guillermo Arturo Felipe Luis, como mi esposo, para que los dos seamos uno de aquí en adelante”, dijo Kate.

“Con este anillo consagro el matrimonio que compartiré contigo, en el nombre del padre, el hijo y el Espíritu Santo”, respondió el príncipe, torpe quizá por los nervios al ponerle la alianza a su novia, en el clímax de la ceremonia que paralizó a más de uno.

William y Kate
se comprometieron a una vida conjunta ante Dios, y ante los británicos, que si bien no aguardaron fuera de un castillo como en las historias épicas, sí lo hicieron en los exteriores de la abadía por una pareja que quizá en unos muchos años podría reinar sobre todas las naciones del Reino Unido.

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