Junto al Pozo de Sicar – Padre Julio Parrilla

Como si se tratara de una canción que solo tiene estribillo, un año más nos encontramos con la misma cantinela al comienzo de este
curso escolar: cientos de miles de niños ecuatorianos no podrán comenzar el curso.

padre julio parrilla
Junto al Pozo de Sicar con el Padre Julio Parrilla, obispo de Loja

Cientos de miles en un país de apenas doce millones de habitantes. Cientos de miles de niños que, en un futuro solo serán carne de cañón, aptos para la explotación o la delincuencia… Es un tema tan grave, se me hace tan doloroso, que, al final, no me espanta tanto la noticia como la inconsciencia en la que vivimos.

Una inconsciencia que es el reflejo de la injusticia y de la pobreza a la que nos hemos acostumbrado. En estos días, con la lucidez que le caracteriza, Abelardo Pachano ha publicado un editorial de opinión en El Comercio que ahonda aún más mi perplejidad y mi dolor. En once años de desidia el país ha perdido 14.000 millones de dólares en el sector petrolero por causa del abandono, de la corrupción, de la incapacidad de las sucesivas administraciones y de esa jaula de grillos engordados que es Petroecuador.

Lo más grave es que la sociedad ni se entera o no quiere enterarse. 14.000 millones de dólares supondrían el pago durante seis años del gasto social total. ¡Ni un niño sin escuela! Pero nuestro país parece no necesitarlo. La gente ni siquiera se da cuenta del desastre en que vivimos y a donde nos arrastra tanta ignorancia.

Lo triste es que parece que nunca hemos tenido tanto dinero, nunca el petróleo ha estado tan caro y nunca la política tributaria ha generado tantos ingresos fruto de los impuestos, por no hablar de los fondos del difunto Feirep… Y a pesar de ello el gasto público crece y crece sin poder afrontar las necesidades básicas de una sociedad condenada al sufrimiento. Los avatares de la política, este encaje de bolillos para controlar y mantener el poder, esta sucesión de ministros que apenas logran quitar el polvo de su despacho antes de cedérselo al siguiente, es algo que resulta patético ante el drama de un país que renuncia a cuidar a sus hijos más pequeños.

Cuando la política se convierte en un fin, se pervierte. Dicen que el poder corrompe. Sin duda que es verdad. Pero también desenmascara
nuestra incapacidad o nuestra malicia. La política solo es un medio para hacer país, para que los ciudadanos vivan dignamente y crezcan como personas, felices de serlo. Un medio para algo tan básico como esto: que ningún niño deje de ir a la escuela. Lo demás es cuento.

Nos seguimos encontrando, junto al Pozo de Sicar,… con el Padre Julio.

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