Julio Jaramillo Laurido | JJ

Biografía de Julio Jaramillo

Julio Jaramillo Laurido nació en Guayaquil, Ecuador, el 1 de octubre de 1935 y falleció en la ciudad de Guayaquil el 9 de febrero de 1978. Es el cantante ecuatoriano de mayor reconocimiento internacional, se lo conoce también como «El Ruiseñor de América.» o simplemente como ‘JJ‘.

Julio Alfredo Jaramillo nació el 1 de octubre de 1935 en un departamento en Gómez Rendón y Villavicencio en la ciudad de Guayaquil. Sus padres eran pichinchanos de la población de Machachi, habían emigrado a Guayas en busca de mejores oportunidades.

Cuando su hermano Pepe cumplió 15 años, ganó en un concurso radial cuyo premio era una presentación en un centro nocturno, y este hecho fue el inicio de su carrera artística. Pese a ello, Pepe fue disciplinado, terminó sus estudios y más tarde en Colombia siguió una carrera de filosofía y letras, se convirtió en educador y olvidó el canto. No sucedió lo mismo con Julio, que quiso emular a su hermano, pese a que éste lo desestimulaba.

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Julio Jaramillo ‘El Ruiseñor de América’

Con el auge del banano ecuatoriano, los músicos se volvieron prósperos, y esa bonanza coincidió con el comienzo de la carrera de Julio Jaramillo. A los 18 años alquiló una habitación para vivir con una chica llamada Irene. Con ella tuvo a su primer hijo, que murió a los ocho meses. En esa época él trabajaba en una zapatería, mientras seguía insistiendo por volverse cantante, sin resultado positivo.

En sus inicios bohemios, solía frecuentar La Lagartera, una esquina donde hoy todavía van músicos a ofrecer serenatas por un valor acordado entre el cliente y ellos. Poco a poco, la gente del medio artístico se fue acostumbrando a su presencia. Primero le permitieron que los acompañara con la guitarra y luego, a regañadientes, lo dejaban cantar. Su primera intervención la hizo en Radio Cóndor. Allí conoció a Rosalino Quintero, quien se convertiría más tarde en su compañero de fórmula, su arreglista y quien le tocaba la guitarra y el requinto.

Participó también en Radio América, y cuando salía de allí se iba para El Cajón, cantina de renombre entre artistas. Allí su hermano le presentó a Carlos Rubira Infante, quien le enseñaría a cantar.

Fue un vals peruano, titulado Fatalidad (música de Laureano Martínez Smart y letra de Juan Sixto Prieto), que ya había grabado Olimpo Cárdenas el que lo catapultó a la fama en marzo de 1956. En vez usar la guitarra, Rosalino Quintero utilizó el requinto, y le dieron un ritmo entre vals peruano y pasillo ecuatoriano. Desde el primer día que salió al mercado fue un éxito, y en una semana se vendieron 6 mil copias y tuvieron que reimprimirlo.

El éxito fue tan arrollador que, al finalizar 1956, Julio ya había grabado una docena de discos para el sello Ónix. Te odio y te quiero, Hojas muertas, Elsa y Carnaval de la vida fueron las más populares, aunque Nuestro Juramento, del puertorriqueño Benito de Jesús, que Rosalino convirtió en bolero, tuvo un éxito especial. La versatilidad en la voz de Julio Jaramillo le llevaron a interpretar exitosamente temas en ritmos tan variados como bolero, tropical, tango, vals, pasillo, joropo e incluso rock and roll. En 1959 Julio debutó en televisión en un programa especial de Telecuador, que además contó con la presencia de la cantante Blanquita Amaro. Ese mismo año debutó en el cine, junto a Antonio Santos, en el drama Mala mujer.

Su despedida

Su vida bohemia y desordenada ha hecho creer que Julio Jaramillo murió de cirrosis. En realidad murió el 9 de febrero de 1978 en las horas de la noche, debido a una paro cardiaco. Tan pronto se supo su muerte por la radio, el pueblo se agolpó junto a la clínica, y aunque él pidió reiteradamente que no le rindieran homenajes póstumos, cerca de 200 mil personas lo despidieron durante tres días.

Olimpo Cárdenas, Daniel Santos, Alci Acosta, Lucho Gatica, Leo Dan, Leo Marini, enviaron notas de condolencia.

La leyenda de Julio Jaramillo

Julio Jaramillo ‘el Ruiseñor de América’ es considerado el mejor cantante ecuatoriano de todos los tiempos. Sus canciones, que hablan de amores y desencuentros, calaron profundamente en el público que se reflejaba en ellas. Muchos consideran a este cantante como uno de los símbolos de la identidad nacional. Sus melodías, entre las que cabe mencionar Nuestro Juramento, Cinco centavitos, De cigarro en cigarro, Alma mía, Interrogación, Odio en la sangre, Te odio y te quiero, Carnaval de la vida o Cuando llora mi guitarra, todavía se escuchan en las radios de Latinoamérica.

Habiendo perdido a su padre cuando apenas contaba con seis años de edad, su madre trabajó como enfermera para mantenerlo. Julio fue muy enfermizo durante su infancia: padeció bronconeumonía, difteria, disentería, y hasta tuvo un principio de parálisis infantil. Creció escuchando al dúo Guayaquil, a Olimpo Cárdenas, a Carlos Rubira Infante y al dúo Villafuerte, artistas que marcaron una época en la música nacional y que influyeron en su vocación por el canto. 

Junto con Pepe, su hermano mayor, y contra la voluntad de su madre, comenzó a cantar en casa del músico Toapanta. Realizó sus estudios en la Filantrópica y en una escuela fiscal, bajo la dirección del maestro Lauro Dávila, precisamente autor del pasillo Guayaquil de mis amores. Terminada la primaria, se empleó en una zapatería de calzado para mujer, y luego como barnizador de muebles.

A los diecisiete años ya era conocido por su hermosa y cálida voz, y participaba en programas de Radio Cóndor. En 1950 se unió con dos amigos y se dieron a recorrer los pueblos de Esmeraldas y Manabí cantando en trío. En alguna oportunidad se vio obligado a volver a su oficio de zapatero para sobrevivir. A pesar de los reproches, castigos, lágrimas y ruegos de su madre, no fue capaz de dejar su vida bohemia y parrandera.

Con la grabación de su primer disco, Pobre mi madre querida (1954), en dúo con doña Fresia Saavedra, su nombre comenzó a ser conocido. A éste le siguieron el pasillo Esposa (1955), en dúo con Carlos Rubira Infante. El salto a la fama se dio en 1955 con su vals Fatalidad, que fue difundido por todas las radios del Ecuador y por las principales emisoras de otros países. La grabación de esta canción marcó el inicio de su carrera formal y de su reconocimiento. Su consagración internacional llegó con el pasillo Nuestro juramento (1957), momento en que realizó varias giras por América Latina: comenzó un peregrinaje por Ecuador, Colombia, Perú, Argentina, Uruguay y Chile. Al regresar a su país, fue detenido y llevado a cumplir el servicio militar.

Vuelto a la vida civil en 1960, siguió con su carrera, alcanzando actuaciones de hasta cuatro meses consecutivos en el cine Guayas de Guayaquil, con lleno completo. Participó en la película Romance en Ecuador y en otra rodada en Argentina. En 1965 se radicó en Venezuela, desde donde realizó giras triunfales por México, Puerto Rico y toda América Central. Grabó en dúo con Daniel Santos, Alci Acosta y Olimpo Cárdenas.

Su última gira internacional tuvo lugar por Estados Unidos y Canadá. Los escándalos de su turbulenta vida también eran con frecuencia noticia. Varias veces fue apresado y casi siempre por problemas de mujeres o por incumplimiento con el Tribunal de Menores. Además de haberse casado cinco veces, tuvo hijos con otras mujeres, que llegaron a sumar un total de veintiocho. Nunca negó sus orígenes humildes, se mostraba generoso, despilfarrador del dinero con sus amigos, y prototipo del machismo porteño. 

A su regreso al Ecuador en 1975, cansado, envejecido prematuramente y enfermo, fue abucheado en una actuación en su ciudad natal porque su voz ya no era la de antes. En los últimos años tenía un programa en Radio Cristal titulado «La hora de J. J.», de cuya propaganda a duras penas sacaba para vivir.

No obstante, cuando Julio Jaramillo murió, el pueblo lo consideraba todavía como el gran cantante, lo cual contribuyó a que en torno a él se tejiera la leyenda. Muerto a la edad de tan sólo cuarenta y tres años, sus restos recibieron una despedida como ningún otro personaje popular ha conocido en Guayaquil, pues se calcula que fueron acompañados por unas 250.000 personas.

Después de su muerte, un empresario argentino lanzó al mercado los discos de larga duración que contenían las canciones (muchas de ellas inéditas) que Julio le grababa cuando tenía necesidad de dinero, dando así base al dicho popular de que «el Ruiseñor cantaba mejor después de muerto». Su vida ha sido llevada al cine en el largometraje Nuestro Juramento, rodado en México y Guayaquil, con argumento de su hermano Pepe.

El Aguacate de Julio Jaramillo

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