¿Estado de excepción?

En el país se ha decretado el estado de excepción. La vida de los ecuatorianos, la vida suya, la mía, la de nuestros familiares, la vida de todos nosotros está en peligro. Es un peligro inminente, real, que ya ha dado muestras de su implacable presencia. La vida que ha estado en el vértice del pensamiento filosófico y político desde la Antigüedad ahora está en manos del Estado. Una encrucijada que dejó de ser materia de especulaciones académicas, como las de Giorgio Agamben, por ejemplo, para instalarse como una realidad que nos tiene viviendo en puntillas, respirando al filo de una navaja a diario. Un estado de excepción es una ruptura con la normalidad. Más que un concepto jurídico –que lo es ciertamente– es una situación fáctica que amenaza con sepultarnos.

Y, sin embargo, pocos parecen entenderlo. En el Gobierno –salvo importantes excepciones– no se observa que haya una determinación para imponer toda su autoridad y poder para proteger a la vida. Como que hay temor o falta de voluntad para disciplinar a rajatabla, si es necesario, la indisciplina, arrogancia y estupidez de muchos elementos que conforman el andamiaje público estatal. Un alcalde que impide que la policía nacional que se está jugando su vida por salvar nuestras vidas utilice sus instalaciones ubicadas en su cantón para descansar con el argumento de que podría contagiar a sus vecinos estaría detenido ipso facto en cualquier nación que haya declarado un estado de excepción. Igual cosa le sucedería a ese otro que se le ocurrió clausurar una empresa de instrumentos médicos porque no le proveyó de mascarillas. Y los ejemplos podrían multiplicarse; como si cada cantón fuese una república aparte. La Fiscalía no tiene que investigar nada en casos como estos. Es la vida la que está en riesgo. En un estado de excepción no hay espacio para blandenguismo a pesar de que ese es el estado en el que a los ecuatorianos más les gusta vivir. El art. 140 de la Constitución le permite al Ejecutivo enviar bajo un estado de excepción varios proyectos de ley urgente simultáneamente. ¿Por qué no los envía, o cree que no son necesarios?

coronavirus en Ecuador
Artículo de Hernán Pérez Loose: “¿Estado de excepción?”

Pero no solo desde el Estado parecería que no hay estado de excepción. Desde la sociedad civil hay una actitud similar. Los dirigentes indígenas, no contentos con lo que hicieron al país en octubre pasado, han anunciado el cierre de carreteras –ahora el pretexto es que ellos son los que imponen las políticas públicas de salud–. Y así actúan muchos otros, desde Samborondón hasta Cumbayá, desde los sectores marginales de Guayaquil o de Quito, cada uno se cree una excepción al estado de excepción. Una actitud de desdén hacia la vida que solo puede vérsela entre los sicarios de los carteles de la droga, a quienes la vida les vale un bledo.

Y mientras toda esta tragedia ocurre, algunos actores políticos andan por allí como aves carroñeras esperando el momento de apropiarse de los cadáveres insepultos para usarlos como trofeos de su infamia.

Autor: Hernán Pérez Loose

Fuente: El Universo

Deja un comentario