El país de las triquiñuelas

Todo sigue igual en el país. Lo acaba de probar la Asamblea Nacional aparentando que no acepta subir impuestos (IVA) por amor al pueblo, cuando en realidad los deja pasar y añade nuevos impuestos. El Presidente ha vetado parcialmente la ley para asegurar el IVA y no ha vetado los impuestos de la Asamblea renunciando a la prerrogativa presidencial.

Ahora necesita de Construye para destruir la posibilidad de insistencia con 92 votos, de Gente Buena para que no se sume a la gente mala y de los independientes para que se sometan al veto. Son triquiñuelas jurídicas que nuestros políticos utilizan, en tiempos de paz y de guerra, para engañar al pueblo y asegurar sus intereses electorales.

Todos los economistas, los expertos y hasta los más simples, pero con sentido común, sostienen que la solución de los problemas económicos graves del gobierno no es darle más dinero, reduciendo los recursos de los ciudadanos, porque seguirá gastando con más entusiasmo mientras más dinero recaude.

La solución es gastar menos reduciendo el ejército de pipones que hay en la administración pública; eliminando empresas públicas que no llevan contabilidad o que provocan pérdidas cada año; reduciendo embajadas inútiles que se entregan como premio y suprimiendo subsidios que benefician a los ricos, a los narcotraficantes y a los vecinos del norte y del sur.

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Artículo de Lolo Echeverría: «El país de las triquiñuelas»

En los últimos seis años la economía ha crecido menos que la población y ha aumentado el número y la fortuna de los más ricos. Eso significa que la mayoría de los ecuatorianos nos hemos hecho más pobres. No hay obra pública, no hay buenos servicios. Urge un cambio.

La gente habla de dos modelos políticos, El Salvador y Argentina. Bukele reduce la violencia, pero atropella la Constitución y los derechos humanos. Milei es un libertario que quiere cambiar la economía para hacer crecer a su país. Hasta ahora estamos más cerca de Bukele que de Milei. Al presidente Noboa se le ha presentado una oportunidad, ojalá no la deje pasar.

Autor: Lolo Echeverría

Fuente: El Comercio

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