De pandemias y vacunas

La pandemia ha sido y sigue siendo (quizá por mucho tiempo) una auténtica tragedia. No sólo por el número de gente contaminada y fallecida, sino también por la crisis económica. Ésta es recuperable; las personas fallecidas no lo son. Quizá el ejemplo más cercano sea la llamada “gripe española”, allá por el 1918, que afectó a más de 500 millones de personas.

Hoy todo es diferente. Hay que dar gracias a Dios por los hospitales, las UCI y la capacitación científica de los investigadores. Curioso resulta que el salvavidas al que podremos agarrarnos sean, una vez más, las humildes vacunas, baratas y eficaces. Con las vacunas le dijimos adiós a la viruela, al sarampión, a la fiebre amarilla, al sida y a tantas otras enfermedades. Y con las vacunas derrotaremos al SARS-CoV2, a este maldito coronavirus que tanto nos está haciendo sufrir.

Cuando veo el dolor de la gente, las listas de espera, el cansancio de los sanitarios y la irresponsabilidad de los fiesteros clandestinos, siento una enorme angustia ante los grupos negacionistas o ante aquellos que, en su inconsciencia, bailan, chupan y transmiten el virus por doquier. Algunas de estas personas niegan lo evidente, han hecho muy difícil el control de la pandemia y han sembrado muerte y desolación.

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Artículo de Julio Parrilla: “De pandemias y vacunas”

Cierto que la vacuna contra el coronavirus se ha desarrollado demasiado rápido y puede haber riesgos. En otros casos se necesitaron años de investigación. ¿Por qué esta vez se ha tardado menos? Quizá porque en esta oportunidad la pandemia afecta a todos, países ricos y pobres. Además, la industria farmacéutica es hoy más poderosa; de hecho, las investigaciones han proliferado por todo el mundo y las candidatas a vacuna son numerosas, seguidas de cerca por la OMS, la Agencia Europea del Medicamento y la FDA de los EE.UU. Todos quieren ganar la carrera, algo arriesgado si no hubiera controladores independientes. Piensen también en el rédito económico: las farmacéuticas no han tenido que poner el dinero, más bien han sido los países ricos los que pagaron por adelantado. Sin duda que por esa razón son ellos los que se llevan la parte del león…

No quito que haya casos adversos (pienso en el tema de los trombos vinculados a AstraZeneca o a Jansen). Las agencias de control han sido claras: no hay suficientes datos científicos como para establecer una relación causal. Confío en que la ciencia nos dará respuestas e irá mejorando las propias vacunas.

Como muchos de ustedes lo he pasado mal a lo largo de este año, personal, social y pastoralmente. Me irrita tener que prescindir de las distancias cortas, de los abrazos apretados y, también, de los fieles con los que celebro mi fe. Pero creo en la honestidad de los científicos y en el trabajo de los médicos. Así que, si Dios quiere y el MSP me llama, estaré de nuevo en la cola dispuesto a ponerme la segunda dosis. Ojalá que cuanto antes.

Autor: Julio Parrilla

Fuente: El Comercio

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