El correísmo no sabía qué hacer con Ronny Aleaga. El asambleísta que reivindica en su curul pertenecer a los Latin King se volvió más pesado que vaca en brazos el 28 de mayo, cuando Fernando Villavicencio publicó una fotografía reveladora: se le ve metido en una piscina, en Miami, junto a Xavier Jordán, prófugo y presuntamente vinculado a hechos de corrupción en el hospital Teodoro Maldonado. Según Periodismo de Investigación, Jordán hace parte de la estructura criminal de Leandro Norero Tigua, detenido el 25 de mayo pasado, relacionado con narcotráfico.
Esa fotografía dañó la vida de la bancada correísta. Más si se suma que tras la detención de Norero, apareció otra fotografía en la que figura él, entonces líder de Los Ñetas, al lado de Ricardo Patiño y Rafael Correa. Esas fotos nunca son buenas para un político. Aleaga no solo nada dijo sobre el escándalo sino que fue uno de los tres miembros del CAL que posesionó, tras un rosario de irregularidades que desembocaron en la destitución de Guadalupe Llori, a Virgilio Saquicela como nuevo presidente de la Asamblea Nacional.
Hoy Correa entrevistado en Radio Majestad, la emprendió contra la periodista Silrat Traslaviña, luego de que ella indagó su reacción ante la fotografía de Aleaga en la piscina de Jordán. Visiblemente desencajado, Correa pensó pasar de agache preguntando dónde está el delito. Como si al decir que no es un delito pudiera amputar la política de su dimensión ética. Y como si la ética no incluyera el ámbito de los valores y de las normas. Es claro que Correa no entiende que ser político conlleva la responsabilidad de ser y actuar coherentemente, según el acuerdo tácito que el elegido sella con una comunidad alrededor de valores fundamentales que las dos partes creen compartir. ¿En qué parte del derrotero democrático está permitido que un político se meta en la piscina con un tipo investigado por corrupción y sospechoso de hacer parte de una estructura criminal?
Correa, en horas, midió el costo de lo significaba tratar de cubrir a Aleaga recurriendo a un artificio supuestamente jurídico. Las redes lo basurearon. Y tuvo que echar marcha atrás, dejando colgados a sus adoradores y lameculos que, en un acto de cobardía suprema, la habían emprendido con Silrat Traslaviña, como lo registró Fundamedios, por haber osado preguntarle por la fotografía. Pretextando estar mal informado, Correa admitió que la actuación de Aleaga no es ética ni moral. Y dijo que el Comité de Ética de la Revolución Ciudadana (cuya existencia era totalmente ignorada por innecesaria), va a investigar y que Aleaga debe una explicación al país.

Correa no retrocedió solamente por el escándalo que produjo en redes. En realidad, su sentido de la sobrevivencia es alto. El caso Aleaga-Jordán-Norero acaba de revelar la conexión directa que hay entre franjas de su organización con bandas y también estructuras criminales investigadas aquí y en Estados Unidos por las autoridades. Pedir a Aleaga que dé explicaciones equivale más a un corte drástico que a un apoyo condicionado. Correa sabe, además, que Carlos Pólit, si colabora con la Justicia, podría eventualmente embarrarlo en una corte de Miami. Su instinto de conservación le dicta cortar por lo sano con Aleaga y ubicarse lo más lejos posible de las investigaciones que ahora incluyen, en Ecuador y en Estados Unidos, a su Latin King.
No es la ética lo que interesa a Correa y a su estructura de áulicos. Dos ejemplos -para no volver a la década corrupta- que se han producido en la Asamblea con total complicidad del bloque y de gente como Pabel Muñoz y Marcela Holguín que todavía hablan de principios: ninguno de ellos pidió cuentas a Fausto Jarrín que, sin plata, compró por 850 mil dólares, en efectivo, la Casa Coloma y luego empezó su derrocamiento. ¿No les interesó saber cómo obtuvo ese dinero? ¿No dizque son de manos limpias y corazones ardientes?
Ninguno de ellos se tapó la nariz para salvar al diezmero Eckener Recalde que ahora hace bulto con ellos en la Asamblea y celebra con ellos la llegada de Saquicela a la presidencia de la Asamblea. No les importó lo que dijo el Comité de Ética de la Izquierda Democrática. Diezmero, le dijo. Pero ellos lo salvaron y lo acogieron. Tampoco le preguntaron a Aleaga cuál era su relación con el presidente de los Latin King que fue asesinado en Quito.
Correa cometió la proeza de convertir su organización en un grupo de políticos sin alma; políticos que desenchufaron de su vida y de su oficio la dimensión ética. Les importa la lealtad al amo. Siendo delincuentes. O con delincuentes al lado.
Autor: José Hernández
Fuente: 4 Pelagatos


