Correa no es Perón

Muchos analistas dan por descontado que Correa endosará sus votos duros a un candidato anodino que pasará así a la segunda vuelta. Yo no estaría tan seguro: la popularidad y el carisma de un líder no se endosan fácilmente si es que no hay un poderoso partido detrás que tenga la capacidad de imponer su voluntad.

Como no le resultó la candidatura a la vicepresidencia al estilo de su gran amiga, la cleptómana Cristina, Correa intenta ahora repetir la estrategia de Perón, que puso de candidato–comodín a Héctor Cámpora, quien hizo la campaña con el eslogan: “Cámpora al gobierno, Perón al poder”.

Pero las distancias entre el enajenado del ático y ese estratega astuto y calmado que fue el general Perón son tan inmensas como las que existen entre un improvisado Arauz y el doctor Cámpora, quien estuvo con Perón desde el 44 y presidió cuatro años la Cámara de Diputados durante el primer gobierno peronista. Capturado tras el golpe militar, protagonizó un escape de película junto con otros duros del peronismo.

Años después, cuando se cocinaba el retorno de Perón, que vivía su exilio dorado en el Madrid franquista, Cámpora fue el delegado del general para organizar las alianzas políticas con los poderosos sindicatos obreros y con diversos movimientos políticos y grupos como los Montoneros, de modo que llegó a la Casa Rosada respaldado por tres décadas de militancia peronista.

rafael correa andres arauz
Artículo de Pablo Cuvi: «Correa no es Perón»

Acá, en los mismos años 70, tiempo de dictaduras civiles y militares, hubo otro líder muy popular, Asaad Bucaram. Como le impedían ser candidato pues habría ganado, ofreció su apoyo al liberal Raúl Clemente Huerta, pero este tuvo reparos y Bucaram nombró a Jaime Roldós. Ya en Carondelet, Roldós no se dejó mangonear por Don Buca, que presidía la Cámara Nacional de Representantes, y vino la ruptura.

Defectos aparte, ese primer Bucaram tenía fama de honrado y dirigía un partido organizado y combativo, el CFP, en el que Roldós destacaba como un abogado joven y carismático que llenaba las expectativas de cambio de un país que emergía del triunvirato militar. Por el contrario, Correa, sentenciado por corrupción, es la expresión de un pasado autoritario y mañoso que recurre a todas las triquiñuelas para volver al poder. Tanto así que hasta alquila partidos y confiesa que su objetivo es lograr el indulto y ejercer su venganza. La consigna no sería otra que: “Arauz al gobierno, Correa al poder”.

¿La harán explícita en esta campaña sui generis, obligada a concentrarse en las redes donde los ataques suelen ser feroces? ¿Trabajarán los asambleístas y dirigentes correístas que no están prófugos o encarcelados por un binomio que los relegó? ¿Votará por el mandadero un electorado populista acostumbrado al contacto emocional con sus caudillos? ¿O el CNE no aceptará la papeleta irregular y volverán a pensar en el golpe de Estado?

Autor: Pablo Cuvi

Fuente: El Comercio

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