¿A qué juega Alvarito?

Resulta difícil suponer que Álvaro Noboa es un comodín electoral de alguna fuerza política. No solamente es uno de los hombres más ricos y poderosos del país, sino que forma parte de potentes grupos empresariales nacionales e internacionales.

Desde un análisis político clásico, Noboa debería representar intereses concretos. Es más, se entendería que es él quien tiene mayores posibilidades de mover las fichas en el tablero de los juegos de poder. No obstante, su comportamiento durante los últimos meses induce a pensar que actúa más por capricho que por estrategia política.

Pero a menos que adolezca de una enfermedad sicológica grave, Álvaro Noboa está jugando a algo. Algo tan peligroso como dinamitar el proceso electoral. Y lo está consiguiendo. En ese propósito tiene una sospechosa coincidencia con el correísmo obtuso.

En efecto, si se quiere identificar a las dos fuerzas políticas que han caotizado el proceso electoral desde un inicio, no tenemos que ir muy lejos. Desde la fallida inscripción de Correa hasta las estridentes denuncias sobre un supuesto impedimento a la candidatura de Arauz, los correístas ha acelerado en cada curva. No solo eso: nadie entiende que hayan propuesto un binomio tan flojo e insubstancial si querían hacer un buen papel en las próximas elecciones. Todo esto sin contar con el anárquico manejo de los organismos electorales propiciado por sus operadores.

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Artículo de Pablo Cuvi: “¿A qué juega Alvarito?”

Por su parte, Álvaro Noboa ha dado tantos pasos erráticos que es imposible contabilizarlos. No obstante, hay que sospechar que el libreto montado hace seis meses conduciría, tarde o temprano, al despelote electoral que hoy vivimos. Prácticamente ha puesto contra las cuerdas a todo el sistema electoral, no solo a los organismos responsables.

Lo que llama la atención es la volubilidad con la que el correísmo ha asumido la candidatura de Noboa. De abogados a detractores. Los correístas empezaron reclamando el derecho del empresario a participar en las próximas elecciones, para ahora concluir que la inscripción de su candidatura e ilegal. Así lo ratifica la posición adoptada por la consejera correísta Esthela Acero en el Consejo Nacional Electoral.

¿Mal cálculo? Seguramente. Con un electorado tan volátil e indeciso, nadie sabe a ciencia cierta a quién quita votos Álvaro Noboa. Y los correístas, que sí tienen recursos para contratar encuestas particulares, deben haberse percatado de que impulsando la candidatura de Alvarito estaban torpedeando la línea de flotación de su propio barco.

Lo único cierto es que el panorama político electoral está cada vez más enrarecido. En esas condiciones, y por responsabilidad con los lectores, toca hacer especulaciones que no sean muy audaces. Por ejemplo, sugerir que existe un acuerdo tácito entre los grupos de poder para frenar la candidatura de Yaku Pérez. No necesariamente para impedir que triunfe, sino para impedir que consolide en las urnas una expresión política nacida desde las movilizaciones sociales.

El punto de convergencia para este acuerdo sería ese racismo atávico que subsiste entre las élites, y del cual hace parte el correísmo, tal como lo reseña Inti Cartuche Vacacela en un artículo circulado en redes sociales.

Autor: Juan Cuvi

Fuente: Plan V

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