El país no debe aguantar más tanta burla de la clase política que, salvo excepciones, actúa con doble discurso y doble moral. Lo que pasa en ese putrefacto Consejo de Participación Ciudadana (Cpccs) y en la desprestigiada Asamblea es una vergüenza, en donde solo se sirven del país y no aportan a la solución de los problemas.
Esto debe obligar a tomar conciencia e impulsar una consulta popular para obligar a una reforma política y la reestructuración institucional, dentro del ordenamiento jurídico, a fin de desbaratar este esquema corrupto impuesto por la llamada Revolución Ciudadana, aliados con el sector correísta de Pachakutik y el apoyo del PSC, que hacen mayoría legislativa sin ningún pudor.
Están desesperados y pretenden llevar a juicio político a la mayoría de los integrantes de ese Consejo para tomarse sin vergüenza los organismos de control. Cómo puede subsistir este organismo que es investigado por la Fiscalía luego de allanar sus oficinas con la Policía para recabar documentos por el presunto delito de acceso no consentido a sistemas informáticos.
Cómo se puede soportar que el correísmo bloquee el trámite del proyecto de Ley de Repetición, sin sustento jurídico, seguramente por temor a su aplicación por los actos de corrupción cometidos y porque no les interesa la recuperación de los recursos festinados del Estado.

En la Asamblea, la nueva mayoría hace el juego al correísmo, que busca la desestabilización del país. Este organismo poderoso, que ha incumplido con mandatos constitucionales (hacer los nombramientos, luchar contra la corrupción, fomentar la transparencia y abrir verdaderos espacios para la participación ciudadana), no puede subsistir en estas condiciones y lo mínimo que debiera hacerse, si no desaparece, limitarle sus atribuciones. Basta de tanta basura política, que debiera estar en su lugar. Todo esto obliga a despertar a los ciudadanos y presionar para que se concrete una consulta y desbaratar esta estructura corrupta.
Autor: Miguel Rivadeneira
Fuente: El Comercio