Quito, en la sombra

El alcalde de Quito fue removido formalmente con un proceso legal sustentado en la participación ciudadana del Cootad: la autoridad electa en las urnas puede perder su dignidad si la ciudadanía demuestra el caso ante sus representantes, los concejales.

Dos tercios del Concejo Metropolitano interpretaron adecuadamente el sentir de más del 90 por ciento de quiteños que nos hastiamos de la inoperancia, burla y hasta posible corrupción del alcalde y su administración. Además, en el fondo, estuvo el irrespeto a la ciudad que mostró el Sr. Yunda desde sus orígenes correístas. La candidatura se sustentó en su emporio mediático y recursos económicos que lograron mucho ruido sin mostrar planes ni proyectos viables para la ciudad. Hoy evidenciamos, además, que no los tenía. Logró ser electo con menos de la quinta parte de los votos quiteños y, para colmo, tampoco tuvo en dos años equipo ni ideas para gobernar la ciudad.

Es ofensivo para Quito tener un alcalde que se desentiende de sus funciones por tener que defenderse –con grillete– de múltiples y cada día más escabrosos procesos legales. Como ofensivo es que diga junto con sus aduladores o empleados que se lo repudia por ser “longo o llamingo”. De inicio la absurda excusa era que el rechazo a su gestión se debía al racismo y clasismo de los quiteños, algo que pronto retiraron sus partidarios como insostenible, puesto que el hombre es un mestizo urbano con un patrimonio enorme, probablemente por encima del 95 % de sus mandantes.

En todo el país existen personas racistas, clasistas y demás tontos, pero ellos no articularán nunca un discurso capaz de remover de la función pública a un inútil o corrupto. Son las propias acciones y omisiones de esos personajes las que logran los bochornosos retiros. Es particularmente vergonzoso que por primera vez en la historia de la capital de la República se deba remover del cargo a su alcalde.

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Artículo de Beatriz León: “Quito, en la sombra”

Quito está en problemas serios. Tiene un aparato municipal enorme y poco funcional que junto a deudas contraídas disminuye a casi nada su capacidad financiera. El liderazgo político de la otrora ciudad libertadora se ha esfumado, la elección de Lasso-Borrero marca al menos 25 años desde la elección democrática de un presidente o vicepresidente quiteño. De esta manera en Quito se ha dejado de discutir desde la obra más costosa de la ciudad –el Metro– del que dependerá el cambio hacia una movilidad y tránsito integrado más equitativo y ágil, hasta el sueño de una ciudad con sostenibilidad en urbanismo y eliminación de minería y contaminantes.

Mientras esperamos que el Tribunal Contencioso ratifique la decisión de los quiteños de remover a su alcalde de funciones, recordamos a tantos ambiciosos que llenan las papeletas electorales para satisfacer sus egos e intereses ajenos al bien de la mayoría. No olvidaremos por qué estamos empantanados en la capital: la culpa es de casi todos al permitir que incapaces e improvisados demagogos lleguen a las elecciones con tanta facilidad a pesar de sus múltiples falencias.

Autora: Beatriz León

Fuente: El Universo

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